El camino había sido tranquilo. Con el sol sobre sus cabezas, los dos jinetes, Sir Rodas y el rey Daylon I, andaban con paso uniforme por el camino que siguió hace menos de un día Matt Jarlians, antes de que la muerte le encontrara. Llevaban un par de horas en tranquilo galope sin que ninguno de los dos articulara palabra alguna. Mientras que Daylon parecía tener la mente en otra parte, Sir Rodas le observaba dubitativo. ¿Era tan verdad que sospechaba de Sir Grendell? Después de todo, había sido elegido por él mismo por su implacable lealtad al rey, cuando era casi seguro que eligiera el bando de Feliad. Podía tratarse también de una jugarreta, pero no creía que Cid fuera capaz de hacer algo así.
Llegaron ambos al segundo cruce, en donde el antiguo camino hacia el este les llevaría hasta Cuset. Según el reporte entregado por D'Aubigne, un poco más allá del mismo habían sido emboscados, tras el bajo relieve que se abría paso entre dos altas murallas naturales de piedra maciza. Sir Rodas había seguido su camino, dándose cuenta pocos segundos después que su rey se había detenido en el cruce, observando el suelo, y luego el camino que llevaba hacia las montañas del norte.
- ¿Qué es lo que sucede, mi Señor? -preguntó el caballero, mirando hacia todos lados, como si sospechara que algo malo fuera a suceder.
Hubo varios segundos de silencio. Daylon alternaba la vista entre el suelo y el camino del norte, y de vez en cuando miraba de reojo el camino hacia el camino hacia el este. Finalmente habló, mirando a Sir Rodas fijamente a los ojos.
- Según recuerdo, el capitán D'Aubigne informó que fueron atacados un poco más allá del camino del este. ¿Es aquello correcto, Dargar?
- Sí, mi Rey, lo es. Es la información que me entregó Sir Grendell.
- Tengo mis dudas sobre la certeza de aquella información -. Los ojos del rey, aún fijos en los del caballero, parecían brillar con una intensidad acusadora tremenda. Sir Rodas no pudo gesticular palabra alguna. Daylon prosiguió -. Si bien las marcas hacia el camino al norte parecen confusas y, según mi juicio, deliberadamente borradas, las que siguen el camino hacia el este se notan muy claramente. Al menos diez hombres avanzaron por aquel sendero hace no mucho.
- Ellos siguieron ese camino, mi Señor...
- Pero faltan algunos pequeños detalles, Dargar, dos para ser más precisos -Daylon esbozó una leve sonrisa, mientras analizaba la reacción del caballero. Luego dirigió la mirada al camino del este -. En el reporte hablábais de una carreta, pero en el camino sólo logro distinguir pies marchando. Según lo habéis dicho, la carreta fue capturada por los criminales, por lo que es comprensible que no hubieran regresado con ella, pero al menos deberían estar las huellas de la ida, ¿me equivoco?
Era verdad. Sir Rodas miró con detenimiento y no encontró ninguna marca en el camino de tierra que le indicara el paso de una carreta por el camino del este durante las últimas horas. Ni siquiera caravanas habían pasado por ahí hace algún tiempo.
- Además, si una vez emboscados, regresaron por esta misma senda, tampoco soy capaz de hallar las huellas de su marcha hacia Caerllion. Sólo veo las marcas del camino feliz y seguro hacia Cuset.
También era verdad. El caballero fue incapaz de hallar al menos seis pares de huellas que siguieran el camino hacia Caerllion. Miró a su rey y notó sus ojos clavados nuevamente en los suyos.
- ¿Me equivoco, Dargar?
Su tono era sereno, y su mirada era grave, aunque sonreía amenazante.
- No, mi Señor. Es verdad, no hay una sola marca de alguna carreta reciente ni la cantidad suficiente de huellas de regreso a Caerllion. Matt Jarlians y los soldados no siguieron este camino.
Daylon dejó los ojos del caballero y fijó su atención al camino del norte. Tomó las riendas de su caballo y le encaminó hacia el camino ascendente hacia las montañas más altas de Qweldor.
- Nos queda una sola alternativa entonces, Dargar. Y os puedo asegurar que nos encontraremos con algo que os sorprenderá.
Sujetó las riendas con fuerza e hizo avanzar a galope suave su caballo siguiendo el camino de tierra hacia el norte. Sir Rodas hizo lo mismo y en silencio permanecía un pie más atrás, observándole y preguntándose si de verdad toda su desconfianza hacia Sir Grendell hallaría sus justificaciones al final del camino. Si era así, sería el primero en buscar acabar con la vida de los traidores, claro, seguramente después de su propio rey.
Llegaron ambos al segundo cruce, en donde el antiguo camino hacia el este les llevaría hasta Cuset. Según el reporte entregado por D'Aubigne, un poco más allá del mismo habían sido emboscados, tras el bajo relieve que se abría paso entre dos altas murallas naturales de piedra maciza. Sir Rodas había seguido su camino, dándose cuenta pocos segundos después que su rey se había detenido en el cruce, observando el suelo, y luego el camino que llevaba hacia las montañas del norte.
- ¿Qué es lo que sucede, mi Señor? -preguntó el caballero, mirando hacia todos lados, como si sospechara que algo malo fuera a suceder.
Hubo varios segundos de silencio. Daylon alternaba la vista entre el suelo y el camino del norte, y de vez en cuando miraba de reojo el camino hacia el camino hacia el este. Finalmente habló, mirando a Sir Rodas fijamente a los ojos.
- Según recuerdo, el capitán D'Aubigne informó que fueron atacados un poco más allá del camino del este. ¿Es aquello correcto, Dargar?
- Sí, mi Rey, lo es. Es la información que me entregó Sir Grendell.
- Tengo mis dudas sobre la certeza de aquella información -. Los ojos del rey, aún fijos en los del caballero, parecían brillar con una intensidad acusadora tremenda. Sir Rodas no pudo gesticular palabra alguna. Daylon prosiguió -. Si bien las marcas hacia el camino al norte parecen confusas y, según mi juicio, deliberadamente borradas, las que siguen el camino hacia el este se notan muy claramente. Al menos diez hombres avanzaron por aquel sendero hace no mucho.
- Ellos siguieron ese camino, mi Señor...
- Pero faltan algunos pequeños detalles, Dargar, dos para ser más precisos -Daylon esbozó una leve sonrisa, mientras analizaba la reacción del caballero. Luego dirigió la mirada al camino del este -. En el reporte hablábais de una carreta, pero en el camino sólo logro distinguir pies marchando. Según lo habéis dicho, la carreta fue capturada por los criminales, por lo que es comprensible que no hubieran regresado con ella, pero al menos deberían estar las huellas de la ida, ¿me equivoco?
Era verdad. Sir Rodas miró con detenimiento y no encontró ninguna marca en el camino de tierra que le indicara el paso de una carreta por el camino del este durante las últimas horas. Ni siquiera caravanas habían pasado por ahí hace algún tiempo.
- Además, si una vez emboscados, regresaron por esta misma senda, tampoco soy capaz de hallar las huellas de su marcha hacia Caerllion. Sólo veo las marcas del camino feliz y seguro hacia Cuset.
También era verdad. El caballero fue incapaz de hallar al menos seis pares de huellas que siguieran el camino hacia Caerllion. Miró a su rey y notó sus ojos clavados nuevamente en los suyos.
- ¿Me equivoco, Dargar?
Su tono era sereno, y su mirada era grave, aunque sonreía amenazante.
- No, mi Señor. Es verdad, no hay una sola marca de alguna carreta reciente ni la cantidad suficiente de huellas de regreso a Caerllion. Matt Jarlians y los soldados no siguieron este camino.
Daylon dejó los ojos del caballero y fijó su atención al camino del norte. Tomó las riendas de su caballo y le encaminó hacia el camino ascendente hacia las montañas más altas de Qweldor.
- Nos queda una sola alternativa entonces, Dargar. Y os puedo asegurar que nos encontraremos con algo que os sorprenderá.
Sujetó las riendas con fuerza e hizo avanzar a galope suave su caballo siguiendo el camino de tierra hacia el norte. Sir Rodas hizo lo mismo y en silencio permanecía un pie más atrás, observándole y preguntándose si de verdad toda su desconfianza hacia Sir Grendell hallaría sus justificaciones al final del camino. Si era así, sería el primero en buscar acabar con la vida de los traidores, claro, seguramente después de su propio rey.
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