lunes, 18 de febrero de 2008

El camino del hechicero.


Lugar: Caerllion.
Fecha: 5.6.11 del nuevo calendario de Caerllion.



I: Una jugada arriesgada.

Tarde en Caerllion, por entre las sombras que ya comenzaban a pronunciarse, una figura se escurrió hábilmente para no ser descubierta. Zeltoss, gran hechicero de magia roja en tiempos anteriores, con suma prudencia se escabullía por los pasajes de la ciudad, sólo con el objetivo de prevenir a Jarlians de lo que se avecina. Temía que su maestro hubiera finalmente perdido lo poco que quedaba de su humanidad. Sabía además el gran riesgo que corría al infiltrarse en una ciudad atestada de antiguos aliados, por siempre enemigos, y en donde todas sus habilidades se desvanecían al intentar ponerlas en manifiesto en esta tierra sellada. Sin embargo, lo que había descubierto hacía valer la pena todo riesgo. Llevaba horas dentro de la ciudad. Con su movimiento reducido por los incontables centinelas elfos y humanos desplegados para asegurar el orden, había visto sus esfuerzos por encontrar a Matt hasta ese momento infructuosos. Aunque hubose desprendido de su acostumbrada túnica roja y de su tan propia barba ceniza, aún creía que era fácilmente reconocible por la ciudadosa selección de personas que habitan Caerllion.

Se halló frente al mercado. Del largo seguir de puestos repletos de comerciantes y clientes que habían al llegar, sólo quedaban unos pocos que ya estaban por cerrar. Con dificultad ante la luz cada vez más escasa, Zeltoss pareció notar la silueta de quien busca, perdida entre los pliegues del característico atuendo rojo que utiliza la orden, aunque notablemente más elegante. Se puso ansioso y pretendió ir tras él, mas con un respingo respondió cuando una mano le tocó el hombro por detrás.

- Disculpe, señor -un guardia le habló sin mayor cuidado; obviamente no le ha reconocido -. Está anocheciendo, y puede ser peligroso deambular por estas calles oscuras, sobre todo en este último tiempo que algunos criminales andan suelto por estas calles. Le aconsejo que tome la avenida principal, que está más iluminada. Ahí estará más seguro.
- Eh... muchas gracias... tomaré su consejo...

El guardia se despididió amablemente y se dirigió a la avenida. Unos pasos más adelante se dio vuelta para ver si el anciano le seguía, pero en vez de eso se encontró con el camino completamente solitario. Zeltoss tomó un camino lateral que llevaba finalmente a la avenida comercial, donde vio a Jarlians por última vez; ya no estaba allí. La ansiedad comenzó a afectar su habitual calma, y en un sentimiento parecido a la desesperación dejó la oscuridad de la callejuela para seguir el camino principal a paso apresurado. Un par de minutos después vio a Jarlians entrando a una posada. "¡Jarlians!" -grita, pero al parecer sin ser escuchado, así que continuó su camino al lugar. Sin embargo, cuando sus manos se disponían a abrir la puerta, ninguno de los numerosos guardias cercanos advirtió cómo una sombra furtiva tomó al anciano por la fuerza y le llevó a la oscuridad.

II: La flama extinta.

- Zeltoss, ¿eh?
- Qué quieren de mí, no sé de qué hablan, sólo soy un pobre anciano... déjenme ir...

Zeltoss se hallaba sentado en el frío suelo de una oscura calle cerca de la posada, rodeado de varios hombres de trajes oscuros y caras ocultas tras grotescas máscaras.

- ¡Ja ja! -Uno de estos hombres, quien parecía el líder se rió fuertemente. Luego, dirigiéndose a uno de sus camaradas -. Cree que no sabemos quién es... ¡Ja ja! -un momento más tarde, esa risa sínica y fría desapareció repentinamente -¿Sabes? En lo personal no tengo nada en contra de los de tu clase. De todas formas, aquí en Caerllion siempre serán presas fáciles si cometen el error de cruzar sus puertas. Pero... hay alguien que está pagando muy bien por llevarte a su presencia, y... unas cuantas monedas no nos har... aagh...

Las palabras dejaron de fluir. Una hoja de acero se asomaba por el cuello del líder. Pronto fue removida y la sangre brotó de la herida recién abierta, mientras al cuerpo cayó retorciéndose antes de quedar inmóvil. Otro sujeto, vistiendo ropajes similares a los demás bandidos, se hallaba quieto con la cuchilla ensangrentada en sus manos. Los demás no demoraron en salir del shock y pronto todos tenían distintos tipos de armas en sus manos, preparados para pelear. El asesino se dió media vuelta y espera un momento. Luego de recorrer con la mirada a cada uno de los bandidos, se le escuchó murmurar lo que parecía ser un "perfecto", luego de lo cual arremete ferozmente contra el desdichado más cercano.

Zeltoss vio la oportunidad de escapar. Sin embargo, las condiciones en las que se estaba desarrollando el conflicto le impedía escapar directamente hacia la posada. Pero mientras más lejos del peligro estuviera mejor, y pronto se escabulló hacia calles interiores. No corrió más de quince segundos cuando desde lo alto apareció una figura humana frente a él, bañada en rojo, cayendo hincado frente al anciano. Era el asesino, quien miró fijamente a Zeltoss mientras enderezaba su postura. Zeltoss, aterrado, dio unos pasos hacia atrás y luego volteó para empezar a correr. A pesar de la máscara que la cubre, era posible apreciar una sonrisa en la cara del asesino. Instantes después, cuchilla en mano, comenzó su persecución al desafortunado hechicero.


Lugar: Caerllion.
Fecha: 5.6.12 del nuevo calendario de Caerllion.



III: Huellas de Sangre.

Jarlians despertó en la mañana descansado. Pronto se hubo lavado y vestido, salió de la hospedería con no más asunto que caminar sin destino fijado. En tiempos de tranquilidad no era mucho lo que tenía que hacer, y fuera de enseñar a los jóvenes sobre técnicas de concentración y relajación en la academia de los Schellden, no es mucho más lo que hacía. Dormir en las posadas como ya es su costumbre desde muchos años antes de la fundación de Caerllion siempre hacía que el amanecer se viera más hermoso. Perdía el tiempo entonces caminando, pensando, recordando.

Al salir de la posada, le sorprendió ver una multitud poco usual de curiosos apenas siendo contenidos por la guardia de Caerllion, que parecía haberse concentrado en el sector durante todo lo que llevaba la mañana. Uno de los guardias notó la presencia de Matt y se le acercó.

- Saludos Benet. ¿Qué ha ocurrido? -preguntó Matt.
- Asesinato, señor -responde el guardia-. Se trata de Pyton...
- ¿Pyton? ¿Ese ladrón ahora está matando?
- No, señor, él no es el asesino... es la víctima, él y toda su banda. Sir Rodas está a cargo.

Jarlians no pudo disimular la sorpresa. Pensó un rato y luego habló.

- Lléveme donde están los cuerpos.
- Sí, señor.

Benet guió a Matt por entre las personas que querían echarle un vistazo al sengriento espectáculo. Cuando llegaron al lugar, unos quince guardias mantenían un cerco humano para que los morbosos no se acercaran al callejón. Jarlians pasó el cerco y observó sobre un piso pintado de sangre cinco cuerpos sin vida.

- Los cuerpos han sido identificados como Pyton, Areard, Dante, Alinas y Sampred: los cinco integrantes de la banda. Todos ellos muertos por estocadas precisas en puntos vitales, hechas por una cuchilla larga.

Benet informaba a Jarlians mientras éste se agachaba frente a uno de los cuerpos y lo examinaba por sí mismo. Terminando el informe, un guardia que recién estaba llegando se acercó a Matt para darle un mensaje.

- Señor, Sir Rodas desea hablar con usted.
- Muchas gracias, soldado, voy de inmediato. Benet, muchas gracias por dejarme al tanto de la situación. Siga con sus tareas, ahora me retiro.

Luego de despedirse, Matt siguió al guardia que lo guió hasta otro pasaje. En él había también presencia de guardias, pero no había civiles curiosos como donde estaba Benet. Entre otros guardias se lograba identificar a Sir Dargar Rodas, un viejo caballero, antiguo integrante de la Élite de Radeas, actual hombre al mando de la Guardia Real de Caerllion. Al ver llegar a Matt, se acercó para saludarlo.

- Saludos, Matt, y gracias por acudir tempranamente a mi llamado. Venga, acérquese un poco, que quiero que vea esto y me diga qué opina.

Luego del estrechón de manos, Jarlians fue llevado al lugar donde los demás guardias estaban. Un poco más allá pudo observar, tendido en el piso, a un pobre anciano boca abajo, con una certera puñalada en la zona del corazón.

- ¿Asesinado por la misma mano? -pregunta Jarlians.
- Al menos por la misma arma -responde Rodas-. Pero no es eso lo que quiero que vea. Por favor, observe un poco a la derecha.

Jarlians observó hacia donde se le indicó, y vio que el anciano había escrito algo en el suelo utilizando su propia sangre. Se sorprendió al descifrar qué representaban aquellas letras.

- Matt... -repite Jarlians.
- Exacto -dice Rodas, mirando fijamente a Matt. Un segundo después, Jarlians se dio cuenta de que el mensaje escrito por el anciano lo implicaba como el principal sospechoso de aquel horrible asesinato.

IV: Identidad.

- Ah no... no puede acusarme de este crimen, yo ni siquiera había visto a este anciano antes.
- ¡Oh no!, por supuesto que usted no lo ha matado. Discúlpeme si me he expresado incorrectamente y me ha malinterpretado. Sólo quería saber si usted lo conocía. Al menos es evidente que él sí lo conocía a usted. Pero veo que no le reconoce en absoluto. Aún así, me gustaría que observara una vez más el mensaje, o para ser más preciso, lo que hay detrás de él.

Jarlians observó el mensaje y notó que bajo la sangre hay unas marcas sobre el camino de piedra que evocaban algunas letras: "...m ...os ...oj... y... xis...n...". No era capaz de leer el mensaje completo, pues la sangre del anciano ya había borrado muchas de las letras.

- No soy capaz de leer lo que dice...
- Nosotros tampoco, pero tenemos algunas hipótesis, y hay una en particular que puede que signifique algo para usted. Creemos que las primeras dos palabras corresponden a "Magos Rojos".

Súbitamente, al escuchar esas dos palabras, Matt reconoció rasgos familiares en el anciano. Lo miró detenidamente y los rasgos parecieron acentuarse con más fuerza aún. Faltaba la barba, faltaba la túnica, pero era totalmente reconocible, ahora.

- ¡Zeltoss! -exclamó Matt tras el descubrimiento.
- Cierto -respondió Sir Rodas, con naturalidad-. Sospechábamos que podía ser él por los mensajes, pero la ausencia de ciertas características propias de Zeltoss nos hizo dudar, y preferimos contactarlo a usted para que corroborara estas sospechas. Ahora está claro. Quien yace muerto en este lugar es Zeltoss, asesinado a sangre fría por un desconocido.
- ¿Pero qué hacía él aquí en Caerllion?
- También me pregunté eso. No tenía sentido que viniera precisamente al único lugar del mundo donde se encontraría completamente indefenso. Sospechamos que la explicación está en el primer mensaje, es decir, tenía que ver con usted.
- Suena lógico, pero hace años que no tengo nada que ver con los magos rojos. ¿Qué clase de intenciones podría haber tenido?
- Me temo que no lo sabemos. Aún así, el mensaje advierte que usted está en alguna clase de peligro. Le ruego que cuide su espalda de hoy en adelante. Iniciaremos inmediatamente las investigaciones para dar con el o los asesinos.

Jarlians volvió a mirar el cuerpo del anciano. Aún no podía creer que tan poderoso hechicero como Zeltoss hubiera terminado de esta forma sus días. Sir Rodas continuó.

- He hablado con Sir Grendell para que le guíe sobre los pasos a llevar a cabo para hacer efectiva su seguridad. Regrese ya al lugar donde están los cuerpos de Python y sus secuaces, de seguro ya debe haber llegado.
- Está bien. Muchas gracias por todo. Hasta luego.

Matt se despidió de Rodas y caminó hacia el lugar de los hechos. Al llegar, la multitud aún estaba amontonada esperando echar al menos un vistazo al horrible espectáculo. No fue difícil hallar a Sir Grendell entre los demás guardias. Un tipo alto, de pelo corto, orejas pequeñas y ojos redondos color acre. Segundo al mando en la seguridad de Caerllion, después de Sir Rodas.

- Señor Jarlians. Le esperaba.

V: Viaje inesperado.

- Sr. Jarlians. He sido informado que su vida puede estar en peligro, y se me ha ordenado preparar todo para su salida de Caerllion, para mantenerlo a salvo mientras dure la investigación. Mis mejores hombres lo esperan para partir hacia Tabeas.
- ¿Qué, ahora mismo? Me gustaría ir por mis cosas antes de partir...
- Me temo que no ha de ser posible, sr. Jarlians. Mis instrucciones y las suyas ya han sido dadas, y debe dejar Caerllion. Ahora.

Jarlians estaba extrañado. Si bien las cosas realmente importantes siempre las lleva consigo, el apuro de Sir Grendell por cumplir sus órdenes era poco usual, siendo que últimamente era él quien más cuestionaba el actuar del rey Daylon. Aún así, decidió seguir las órdenes del caballero. Caminando un poco hacia palacio, aunque sin llegar a él, encontraron una carreta cerrada, con la presencia de algunos soldados con armadura real.

- ¿Ellos son sus mejores hombres? No recuerdo haberlos visto antes.
- Son parte de la segunda división, y vienen llegando de una campaña en Surgas. Que no le incomode, son experimentados y leales. Harán su trabajo, se lo aseguro. Permítame presentarle a quien estará a cargo en el trayecto -señalando a uno de los soldados, que da un paso hacia adelante y se dirige a Jarlians -: el capitán Joseph D'aubigne.
- Enchanté, monsieur Jarlians. Estaré a cargo de su seguridad en este viaje -Joseph le tendió la mano a Matt, quien le responde estrechando la suya. El capitán se ve un hombre refinado, pelo negro y barba puntiaguda. Un poco más alto que Jarlians, y aunque de contextura más bien delgada, su imagen mostraba cierta imponencia y fuerza poco común en personas como él. Su espada no era la clásica espada de los soldados, sino una versión más fina, pero que también contaba con el sello real.
- Un gusto, capitán -luego Matt se dirigió nuevamente a Sir Grendell-. ¿Seguro que no puedo ir por mis cosas?
- Seguro. No podemos perder más tiempo -y retomando el hilo-. Muy bien, harán su partida ahora mismo. Si todo sale bien, al anochecer ya estarían llegando a Cuset, donde harán su primera parada y pasarán la noche. Luego, en unas cuantas horas más estarían llegando a Tabeas, donde Sir Legon le recibirá. Una vez ahí, deberá esperar nuestra comunicación para explicarle cómo se está procediendo. Ahora lo dejo con el capitán. Buen viaje.

Una vez que Sir Grendell se encaminaba hacia palacio, el capitán D'aubigne se acercó un poco a Matt, y le habló en voz baja, como invitándolo a compartir un secreto.

- Sir Grendell puede ser un poco grognon, ¿cierto? Le he escuchado antes, y si me promete que tomará poco tiempo, podemos pasar a su residencia a retirar algo que desee llevar consigo.
- No se preocupe, capitán, estoy bien. No se meterá en problemas por mi culpa.
- Me parece bien. Suba a la carreta entonces. Uno de mis soldados irá conduciendo la carreta y el resto iremos alrededor de la misma en labor de vigilancia. Usted irá seguro.

Matt asintió y subió a la carreta. Supuso que por razones de seguridad se había elegido una carreta algo vieja y destartalada, sucia y con pocas comodidades, haciendo poco evidente su salida en ella. Sólo mantenía una abertura por el frente donde va el conductor, y una puerta de madera pequeña por la parte trasera. Una vez acomodado como fuera dentro de la carreta, el capitán Joseph dio órdenes de partir y muy pronto la carreta estuvo en movimiento, camino hacia Qweldor y luego a su primera parada Cuset. Detrás, el capitán y dos soldados seguían la carreta hacia la salida de Caerllion, donde tres soldados más se les unieron y partieron hacia las montañas.



Lugar: Montañas de Qweldor.
Fecha: 5.6.12 del nuevo calendario de Caerllion.



VI: Desvío.

Ya llevaban un par de horas de viaje. De vez en cuando, Joseph abría la puerta de atrás y echaba un vistazo al interior, donde Jarlians siempre parecía estar meditando sobre alguna cosa. En la última vista, el capitán le informó a Jarlians la llegada a Qweldor.

- Monsieur Jarlians, mantenga el equilibro que iniciamos el trayecto de camino rocoso.

Matt no estaba acostumbrado en ir si no es a pie, ni mucho menos por camino rocoso, por lo que al iniciar los saltos de la carreta mientras en ciertas partes parecía inclinarse demasiado, decidió mejor bajarse de la carreta y caminar al menos aquella parte del camino.

- Pardon, monsieur. No es seguro que siga fuera de la carreta.
- No se preocupe, apenas termine este condenado camino, subo a la carreta de nuevo.
- D'accord...

Una vez caminando, notó que el capitán empieza a sentirse realmente incómodo, incluso más molesto, lo que a su vez también empezó a incomodar al propio Jarlians. No pasaron más de quince minutos a pie cuando decidió subir nuevamente a la carreta. El capitán apenas lo vio subirse nuevamente, se acercó a la misma y abrió la puerta recién cerrada por Matt.

- Excuse moi, monsieur, ¿se quedará en la carreta?
- Sí, al menos hasta Cuset. Ya vamos a llegar al desvío hacia el este y el camino rocoso terminará de todas formas.
- Muy bien. Le avisaré entonces cuando lleguemos.

El capitán cerró la puerta y el viaje continuó. Dentro de la carreta, Matt observaba con detenimiento la esfera cristalina con la que terminaba el báculo entregado hace tantos años por su maestro, en cuyo interior el fuego eterno con el que la conoció aún no se extinguía, a pesar del sello que mantenía a Caerllion libre de cualquier expresión mágica.

- Amarath es un genio... ¿Cómo habrá logrado aislar esa llama para que lo exterior no le afecte? ¿O de qué esá hecha la esfera, que se ve tan frágil como el cristal, pero que en realidad es más resistente que el diamante?

En ello pensaba cuando la luz de un sol decayente inundó el interior de la carreta, dando de lleno en el rostro de Jarlians, obligándolo a adpotar otra posición.

- ¡Pero qué rayos! Condenado sol... Algún día me las pagará, ¡ja ja!

Comenzó a recordar las maravillosas tardes de los viajes a Cuset en épocas anteriores; de cómo siempre se maravilló de lo imponente de las montañas, cómo su poder se abría paso hasta finalmente vencer en lo alto a la misma vida, al fin satisfecho de sus obras; cómo la vida insistía en pedir revancha en cada momento, cómo también los colores únicos y espectaculares se fueron perdiendo en cada paso humano en su suelo virgen. Recuerda cómo el radiante sol en tiempos fríos se ocultaba temprano tras las altas montañas del norte.

- Las montañas del norte...

Y fue en ese momento cuando todo empezó a perder sentido. Matt se levantó algo exaltado e intentó abrir la puerta trasera, la que encontró cerrada, sin poder abrirla. Entonces fue hacia el frente, donde aún estaba el soldado que conducía la carreta, frente a un sol que empezaba a perderse en las montañas, las montañas del norte.

- Disculpe, soldado. ¿Qué camino es éste hacia Cuset?

El soldado se mantuvo fijo al camino, sin decir una palabra. Decidió acercarse un poco más para llamar su atención, pero una vez más cerca de la salida, observó que la carreta ya no es más tirada por caballos, y en su lugar ve un enorme precipicio. Vió también que el soldado no era en realidad un soldado, sino un montón de paja cubierta por una armadura real.

- ¡Pero qué rayos...!

Matt rápidamente salió de la carreta, que ya prácticamente tenía dos ruedas en el aire. Saltó apenas de ella, quedando agarrado en una roca saliente, colgando al borde del precipicio. La carreta cayó por él, haciéndose añicos en el fondo.

- Muy bien, mis soldados. Misión cumplida, ¡ahora camino a casa!

Joseph parecía satisfecho, e invitó a sus compañeros a iniciar su vuelta a Caerllion. Así, confiados en que Matt había caído junto a la carreta, comenzaron su marcha. Dejando a sus espaldas a un consejero real colgando de una roca. Éste viéndose en tal situación, decidió quedarse ahí al menos hasta que los soldados ya estuvieran algo alejados, pero la roca empezó a ceder, lo que le 'motivó' a salvar su pellejo. Así escaló el borde del precipicio, pero en el último paso, la roca de apoyo se soltó completamente, cayendo al vacío y haciendo tropezar a Matt. El ruido no fue mucho, pero fue suficiente para que Joseph a la distancia le llamara la atención. Se detuvo e hizo callar a sus soldados, y luego se dio vuelta, viendo a un Matt dando un último paso en tierra firme, que lo miraba con desilusión.

- ¿¡Quiénes son ustedes!? -Matt parecía inusualmente enfadado, después de todo, estuvo al borde de la muerte.

VII: El fin del camino.

- ¿¡Quiénes son ustedes!? - repitió Matt, ansioso de una respuesta rápida.

El capitán hizo un gesto de molestia llegando al punto donde estaba Matt, luego del cual dio alguna orden con las manos a los demás soldados, quienes inmediatamente tomaron posiciones alrededor de Jarlians. Luego se rascó la cabeza, buscando algunas palabras para decir.

- Esto no es conveniente, ¿sabe? Le dije que esperara dentro. ¿Por qué ha salido?
- ¡Si no hubiera salido ahora estaría al fondo del precipicio!
- Exactamente ése era el plan, monsieur. ¿No lo ve? Desde aquí, el precipicio era el camino más corto hacia Cuset.
- ¿De qué está hablando? Y aún no me ha respondido. ¿Quiénes son ustedes?
- Ya fuimos presentados en Caerllion, monsieur. Mi nombre es Joseph D'aubigne, capitán de la segunda división del ejército de Caerllion. Experimentados y leales.
- Leales... ¡Intentaron lanzarme al vacío!
- No le hemos dicho leales a qué o quién...
- ¿Por qué intentaron matarme?
- Digamos que Sir Grendell no gusta de su compagnie.
- ¿Esto es obra de Sir Grendell?
- Oui, oui. Y pues... -y desenvainando su espada, a lo que le siguieron los demás soldados - como sabe, somos experimentados y leales. Compañeros míos, haced vuestro trabajo.

Los seis soldados avanzaron con espada en mano hacia Matt, quien al estar con los soldados enfrente y el abismo detrás, reaccionó dirigiéndose a uno de los agresores. No sin dificultad esquivó el primer golpe y tomó del brazo al soldado intentando forzarlo a que suelte su arma. Pero el soldado era más fuerte y de un codazo le alejó. Poco tiempo tuvo Matt para reaccionar y apenas esquivar el filo de la espada del segundo soldado, pero ahora usando sus pies lo desestabilizó, quien cayó duro contra el piso. Rápidamente fue hacia el arma soltada por el hombre caído y una vez en sus manos rodó por la tierra para evitar los filos de un par de espadas más. Joseph estaba sorprendido por la agilidad demostrada por Matt, y desde la distancia parecía estar disfrutando el espectáculo.

- ¡Oh la la! ¡Quién hubiera imaginado que monsieur Jarlians, un simple maguito sin su magia, supiera defenderse de algunas espadas! ¡Ha ha!

Con la espada en mano, Matt pudo defenderse mejor de los ataques continuos, y pronto uno de los soldados recibió una herida que le obligó a abandonar la lucha dando unos pasos hacia atrás.

- ¡Ya basta, camarades, retrocedan!

La voz de Joseph llegó a los oídos de sus hombres, quienes inmediatamente adquirieron posiciones defensivas y se alejaron de un Matt que si bien no estaba agotado, ya estaba respirando agitadamente.

- ¿Qué, seis contra uno y no sois capaz de vencerme?
- Très bien, monsieur. Excelente técnica. Me complacerá mucho derrotarlo con mi propio acero. ¡En garde!

Joseph tomó inmediatamente la iniciativa y Jarlians notó inmediatamente la diferencia entre él y los demás soldados. Matt esquivó el primer ataque y arremetió, mas se vio frenado por una relampagueante estocada del capitán, que le obligó a bloquear y dar un paso atrás. D'aubigne no dio respiro y avanzó aquel paso para seguir con un incesante conjunto de movimientos que Matt apenas sí podía detener.

-¡Oui, oui! ¡Qué bien se defiende, monsieur Jarlians! Ya veo por qué el rey confía tanto en usted. Una técnica refinada y un estilo único. ¡Ho ho! Ahora probemos su ataque.

Dicha la última palabra, Joseph dejó de atacar y retrocedió unos cuantos pasos, dándole a Matt tiempo y espacio para reponerse.

- ¿Qué está esperando? ¡Ataque, monsieur!
- ¿Qué gana usted de todo esto?
- Por favor... sólo le ofrezco un poco de diversión antes de morir.
- ¡Ha! Antes de morir quién, ¿tú y yo?
- Usted conoce la respuesta. Le estoy esperando.

Jarlians entonces empuñó firme la espada y atacó de manera rápida y violenta, mas Joseph respondió de la misma manera y Matt se vio cortando el aire. Continuaron los ataques y el capitán con movimientos simples los esquivó todos. No pudo evitar sonreírse.

- Su ataque flaquea, monsieur. Con movimientos así no alcanza ni a un toro frente a usted. Probemos otra cosa.

Última palabra dicha y el capitán dejó de esquivar, y el ataque de Jarlians fue bloqueado fácilmente con la en apariencia más frágil espada de Joseph.

- Uh, oh. Pero tiene la fuerza de un mago... Me decepciona, monsieur Jarlians. Creí que sería un rival más complicado. Esta prueba... ¡ha concluido!

El último bloqueo hecho por Joseph vino acompañado de un contragolpe que Matt apenas vio. Los ropajes de su hombro derecho fueron cortados y pronto manchados por la sangre de Matt, quien dio unos pasos hacia atrás tomándose el hombro con la mano izquierda y quejándose un poco del dolor. El capitán lo miró como si ya estuviera vencido.

- El rey lo ejecutará si se entera de lo que está haciendo, Joseph.
- Je sais. Pero él no tiene por qué enterarse, ¿cierto?

D'aubigne dio unos pasos hacia adelante y luego insistió en el ataque a Matt, quien al ver que su intento de esquivarlo era demasiado arriesgado, intentó bloquearlo con su espada, pero el golpe fue demasiado fuerte y fue obligado a soltar el arma. Se movió rápido y antes que Joseph ataque otra vez se alejó unos cuantos metros, pero apenas se dio vuelta, frente a él estaba Joseph, quién le lanzó un golpe que cortó la mejilla izquierda del rostro de Jarlians, quien dio unos pasos hacia atrás, acercándose al borde del precipicio, mientras se cubría la cara y gruñía en señal de dolor. Luego sintió una mano en su hombro herido y vio frente a él a Joseph nuevamente, quien lo sostenía con una mano y con la otra apoyaba su espada en su pecho. El capitán miró fijamente a los ojos de Jarlians, quien ya no hacía ningún movimiento de quite.

- Se finit, monsieur.

Un movimiento del brazo de Joseph y su espada hubo atravesado el cuerpo de Matt, quien aun sin hacer un sonido o movimiento, hizo evidente su estado de dolor y agonía. Lentamente Joseph retiró la espada manchada y dio un leve empujón a Matt, quien sin poner ahora resistencia alguna cayó por el precipicio. Joseph sacó un trozo de género blanco con el cual limpió su espada antes de envainarla, luego de lo cual fue donde los demás soldados.

- Ahora sí, camarades, vámonos a casa.



domingo, 17 de febrero de 2008

Luego de la victoria, cenizas.



Fecha: 2087.2.4 (según el antiguo calendario de Dyloen)
Lugar: Brekarth.

Era de mañana en la ciudad. Habían pasado unos pocos días desde el último grito de celebración tras la victoria sobre los caballeros de Brekarth. Era tiempo de poner orden y decidir qué hacer desde aquel día. Ya en ese entonces Madul y sus secuaces ya habían desaparecido de la ciudad sin dejar rastro alguno tras ellos. Con los magos restantes malheridos, un ejército agotado y dividido tras la muerte del rey Swor en dos bandos, uno siguiendo al príncipe heredero al trono de Radeas, Daylon Ambrós, y el otro a su hermanastro, hijo legítimo del rey muerto, Feliad Duvet, aún no había tiempo para descansar.

Alia Vizencio, huérfana desde los cinco años, cuando su hogar fue destruido y sus padres asesinados por acción de Madul y sus seguidores en Astadia, y quien había sido rescatada y luego adoptada por Dunel Vizencio, ahora yacía entre algunas paredes caídas, frustrada al no cumplir aún con su venganza. Pero entre los humos arrojados por los maderos a medio consumir de alguna construcción demolida, percibió a un hombre con ropajes de color rojo vivo algo sucios pero no por ello menos llamativos, sentado a un lado, observando lo que quedaba de la ciudad. Sus rasgos eran inconfundibles: cabello blanco y escaso, con su cara llena de marcas de quemaduras, en la que dos ojos grises se asoman despreocupados, mientras que sus labios se juntan para silbar alguna macabra melodía. En sus manos, innumerables anillos de distintos colores y formas adornaban cada uno de sus largos dedos, mientras sostenían un pequeño báculo terminado en la figura de algún animal, que movía al ritmo de su melodía. Era Sgar Kahnee, uno de los agentes de Madul.

Al notarlo, Alia se le acercó amenazantemente. Sgarr, al sentirla cerca, dejó de silbar y le arrojó una mirada, luego de lo cual levantó la mano en señal de saludo.

- ¡Tú eres Sgarr Kahnee, uno de los seguidores de Madul! -grita Alia. Sgarr mira en todas direcciones, sin mayor interés en lo que le dicen.

- ¡Responde! ¡Tú eres Sgarr Kahnee, uno de los seguidores de Madul!

- Qué, ¿es pregunta o afirmación? Ah, ¿y crees que no lo sabía? -responde Sgarr algo sarcástico -. En realidad me da igual, así que vete pollita.

- ¿Ah? ¿Quién te crees? Y de esa forma... ¡Luego de todos los crímenes que has cometido! -pero Sgarr no le escuchaba, reinició su silbido mientras observaba el horizonte -. ¡Ya verás, cretino!

Extrayendo un cuchillo de su cinturón, Alia comenzó a avanzar para atacar a Sgarr, pero éste reaccionando al instante tomó firmemente su báculo y atacó los pie de la hechicera apenas estuvo al alcance, haciéndole perder el equilibro y caer al piso, haciéndole además soltar el cuchillo en la caída, el que vino a caer en las manos de Sgarr.

- Hmm... bonito cuchillo. ¿Cuánto te costó? -dijo Sgarr mientras lo examinaba.

- Ya verás, infeliz -decía Alia mientras se ponía de pie. Luego comenzó a murmurar unas palabras que Sgarr reconoció con facilidad, y no pudo evitar reírse a carcajadas. Mientras lo hacía, nada más ocurrió de parte de Alia, que quedó a la espera de que algo efectivamente ocurriese.

- Niña tonta, ¡jajaja! -decía Sgarr mientras se acercaba a la hechicera y le golpeaba en la cabeza con su báculo, con la delicadeza característica de un mago rojo -. Mi jefecito dejó la grande, ¿no te diste cuenta antes? Tu magia, y lo que es peor, la mía, ya no sirven en esta tierra. Te ha dejado indefensa, qué pena, aunque pensándolo bien... -Sgarr de pronto tomó una postura reflexiva. Unos segundos después, como si hubiera concluido una larga línea del pensamiento, agrega -creo que mi Jefecito te ha salvado la vida.

- ¿De qué diablos hablas? -preguntó Alia desde el suelo, sobándose aún la cabeza. El "golpecito" de Sgarr le había enviado nuevamente al suelo -. ¡Ese desgraciado me ha ARRUINADO la vida! Y no voy a descansar hasta vengarme de él, de Zeltoss y sobre todo del traidor de Amarath.

- ¡Tsk tsk! No, no.. deja de perseguir al jefe o terminarás muerta. Además, ahora te ha salvado la vida, en serio. Si aún hubiera magia... guardó silencio un segundo mientras pensaba un momento más, como si quisiera recordar todo lo que antes había pensado. Luego, tomando una clásica postura de sarcasmo burlón, agregó: -si aún hubiera magia ya serías una pollita bieeen asada.

- ¡Pero quién te crees, idiota! - Alia se puso de pie de inmediato mientras le gritaba a Sgarr. Estaba a punto de tirarse a puños contra el hechicero (y como estaba de furiosa, quizás le ganaba).

- Calma, calma -le decía Sgarr, con una inusual sonrisa inocente. No queremos armar un alboroto aquí, ¿cierto? Además, hay un par de cositas que quizás te gustaría saber.

- ¡No quiero saber nada que venga de tu lengua de víbora asquerosa!

- Ah, claro, entonces sigue siendo la conejita de indias de Matt, como te gusta ser la niña boba de todo el mundo... pero supongo que eso no me influye -Sgarr había comenzado a caminar en sentido contrario con paso relajado. Alia había tomado silencio un momento.

- Eres un imbécil, no caeré en tu juego -agregó Alia, más que para Sgarr, para convencerse a ella misma.

- Claro... -un nuevo silencio, más prolongado que el anterior.

- Además, si he de creerle a alguien, jamás sería a ti...

- Claro... -Sgarr ya estaba a varios metros de distancia. Luego de un momento, Alia da un paso hacia adelante.

- Espera... qué tienes que decir...

Sgarr, quien a sus espaldas tenía a Alia, se sonrió. «la pollita ha caído». Cambió inmediatamente la expresión de su rostro y se dio media vuelta, en donde Alia vio a un Sgarr con una expresión que auguraba malas noticias. Sgarr se acercó a ella y empezó a hablar.

- La verdad es que lo que tengo que contarte no es muy agradable. Sé que no te agrado, pero tú sabes que no tengo nada que ver con lo que mi jef... eh, Madul hiciera hace doce años. Sobre Matt, hay muchas cosas que no sabes de él...

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Minutos más tarde, Matt por fin encontraba a Alia. Le sorprendió mucho ver a lo lejos que se hallaba en compañía de quien reconoció de inmediato como Sgarr, y se apresuró al encuentro.

- Al fin te encuentro, Alia. ¿Qué haces con este hombre?

Sgarr y Alia vieron a Matt llegar. Ninguno de los dos parecía contento con el arribo del joven hechicero. Éste intentó tomar a Alia de la mano, pero ella al notar aquellas intenciones, quitó su mano de su alcance y retrocedió un par de pasos, mirando fijamente a Matt, con ojos húmedos, reflejando decepción y dolor. Sgarr dio unos pasos atrás también, alejándose de la pareja.

- ¿Pero qué pasa, Alia? -preguntó Matt, pero ella no respondía; seguía retrocediendo paso por paso, alejándose de Matt, quien le seguía intentando acercarse. Pronto recordó a Sgarr y se volteó para interrogarle, pero el mago rojo ya no estaba cerca, ni se veía en los alrededores, había desaparecido del lugar. Sin buscarlo por mayor tiempo, se volvió nuevamente hacia Alia, quien aún le miraba desde cierta distancia.

- Cómo pudiste... -dijo por fin. - Cómo tú... no lo puedo creer...

- No sé de qué hablas, no sé qué te ha contado Sgarr, pero de seguro no es verdad... -Matt intentó acercarse, pero se vio rechazado otra vez.

- ¡No te me acerques! Todo encaja ahora, Sgarr me ha dado la pieza que me faltaba del rompecabezas. Sí, ahora veo por qué me has tratado tan bien desde que nos conocimos. Aunque no entiendo aún por qué lo hiciste.

- Pero... ¿pero de qué hablas? ¿Qué hice?

- No vuelvas a dirigirme la palabra, Matt Jarlians. Y no te vuelvas a cruzar por mi camino, que no pensaré dos veces el sacarte de él por la fuerza.

Luego de las últimas palabras, Alia comenzó a correr en dirección opuesta a donde se hallaba Matt, quien se queda un rato escudriñando en sus recuerdos, intentanto hallar la respuesta a la pregunta de "Qué hice?". Muy pronto su corazón le mostró su desesperación, y la mente se le nubló. La ansiedad y miedo se apoderaron de él, y empezó a correr tras su joven compañera.

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Caminando rumbo a Qweldor, Sgarr, con paso errante, su báculo tras su cabeza y ambas manos apoyadas en él, inició su reflexión sobre su situación actual y su futuro.

- Veamos: Mi jefecito ya no me necesita, eso me deja sin muchas cosas qué hacer, además... -cierta parte de su conciencia reprimió en ese instante parte de su pensamiento, como si quisiera protegerlo de cualquier peligro respecto a lo que estaba a punto de pensar. Un momento con la mente en blanco, y luego prosiguió como si hubiera olvidado lo que estaba pensando antes. -... y bueno, ya me encargué de esos dos intentos de magos rojos, jajaja, seeh, uno de ellos muerto y el otro frustrado, esa pollita me vino a servir de maravillas, jeje.. en fin, creo que ya no tengo nada más que hacer en esta tierra. ¡Me largo de acá!

Las montañas de Qweldor mostraban un espectáculo maravilloso de luces y sombras, con el sol radiante en el norte. Sin un destino real en mente, Sgarr continuó por inercia el camino que le llevaría hacia un nuevo destino.



martes, 12 de febrero de 2008

Los Misterios de Brekarth.


Fecha: 5-6-13 (Según el nuevo calendario de Dyloen, desde el año 2088 del antiguo calendario)
Lugar: Palacio de Caerllion.


La publicación recorrió toda la ciudad, creando conmoción. Pronto las puertas de palacio estuvieron atiborradas de curiosos que clamaban al rey Daylon Ambrós I la entrada al Salón de Piedra, y que accediera a la examinación minuciosa de las mismas para corroborar o no lo que todos temen. Pero las puertas siguieron cerradas, y los guardias, en gran número, espantaban a quienes se volvían un poco violentos. Dentro, Duncan Olliffe, un estudioso hombre de unos 27 años de edad, de tez morena y ojos negros intensos, porviniente de las altas tierras de Maheda y residente de la Organización Schellden desde hace 3 años, había estado explicando al rey sobre el contenido de su ensayo. El título era escalofriante: "Los misterios de Brekarth".

Extrañamente desinteresado, el rey miraba distraído por la ventana mientras relataba sus historias. Con el ensayo en la mano, lo veía sin leerlo, procurando de vez en cuando abanicarse con sus hojas. Pasado un momento, el rey interrumpió el relato cuando Duncan aún no terminaba.

- Es un hecho que ocurrió hace ya cinco años. No le hacéis ningún bien al reino en despertar viejas heridas. Dejad el pasado en el pasado y no perdáis más el tiempo en historias que ya están zanjadas.

Definitivamente, el rey parecía estar inmerso en otro mundo. Su mirada cambiaba de dirección en cada instante, en ningún momento hacia quien dirigía sus palabras. Pero Duncan insistía en su punto, como si esperase una reacción a tiempo de su señor.

- Pero mi rey, conocer y comprender el pasado es importante para estar preparados para el futuro. Le suplico que acceda a que la Organización Schellden estudie las estatuas.

- Creo que mis palabras fueron claras. Cuando tenga tiempo leeré vuestros textos y veré qué puedo hacer al respecto. Ahora hay asuntos más importantes que debo atender. Si me disculpáis, vuestro tiempo de audiencia ha expirado. -Y dirigiéndose a sus guardias- Guardias, acompañad al sr. Olliffe a la salida. Y quiero a los curiosos lejos de palacio.

-¡Sí, mi rey!

Los guardias se acercaron al científico y le hicieron el gesto de que les acompañase. Duncan los miró y luego lanzó una última mirada al rey, quien jamás siquiera le miró a la cara y ahora mantenía la mirada perdida mientras apoyaba su mentón en una de sus manos. Supo de inmediato que un intento más sería en vano. Dejó la sala del trono y escoltado por un guardia comenzó su camino a la salida. Cuando llegó a la entrada, fue dejado en el exterior junto a los curiosos. Unos segundos después, un contingente numeroso de guardias llegó a dispersar a la multitud.

-En nombre del rey, despejad el área alrededor de palacio y volved a vuestras tareas. Quien no cumpla con el mandato, pasará tres días en los calabozos y se le descontarán las ganancias de dos semanas.

Las palabras fueron claras. Al principio, un par de gritos de desaprobación, pero poco a poco, el tumulto fue desapareciendo y las personas comenzaron a volver a sus actividades. No hubo necesidad de emplear la fuerza. Duncan quedóse frente a las puertas de palacio, solitario. Uno de los guardias montados se le acercó y le propinó una mirada inquisidora. Duncan entendió que la orden lo incluía también. Un suspiro y comenzó su camino a la Organización. Si bien no consiguió nada por las palabras directas, al menos el pueblo conoce la publicación y el rey tiene una copia en su poder. Tarde o temprano seriá escuchado.

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Una vez que Duncan Olliffe había abandonado el salón, el rey Daylon Ambrós se puso de pie y con el manuscrito aún en sus manos se dirigió a sus aposentos. Los dejó en su escritorio frente a la ventana, y luego de unos segundos hipnotizado por el azul del cielo, se sienta en la cama, aún igual de distante. En su mente adolorida por el constante recuerdo, sólo una palabra se filtraba de sus silenciosos pensamientos y salían en voz apagada de sus labios.

- Asali...

Tocaron a la puerta. Si el rey escuchó o no, imposible de advertirlo, porque siguió sumido en sus pensamientos hasta un segundo llamado varios minutos después.

- Mi señor. Sir Rodas solicita una audiencia urgente.

El rey se pone de pie y camina hacia la ventana. Desde ahí podía ver el jardín de rosas, el bello laberinto de arbustos y el árbol en donde se selló la despedida. Pasó un momento antes que el guardia, quien llamara las dos veces anteriores, intentara una tercera vez, desde el otro lado de la puerta, ahora algo más preocupado.

- ¿Mi señor? ¿Se encuentra usted bien? Le suplico me responda.
- ¡Que espere! - Daylon reaccionó violentamente a la tercera interrupción. Su grito fue señal clara para el guardia, quien del otro lado tuvo un sentimiento de sorpresa y alivio.
- Sí, mi señor.

El guardia alejó sus pasos por el pasillo hacia la sala principal, mientras Daylon, algo irritiado y desconectado de sus pensamientos, caminó a paso firme hacia el escritorio, y vió el manuscrito de Duncan en él. Leyó las palabras que adornan más grandes y elegantes la primera página del documento, y recordó muchos de los detalles de aquella última batalla contra los Caballeros Negros hace cinco años atrás, en donde su padrastro fue muerto. Pensó con la claridad que no tuvo cuando Duncan estaba presente y se sentó en el escritorio. Así comenzó a leer el texto de Duncan Olliffe, cuyo título dice "Los Misterios de Brekarth".

Sin duda alguna Brekarth es uno de los enigmas que más me intrigan. ¿Quiénes son exactamente? ¿Cómo pudo ser que tan avanzada civilización se mantuviera oculta por tantos años? ¿Cuál es su naturaleza y a qué se debió exactamente su caída? Éstas son algunas de las muchas preguntas que muchos nos hemos hecho, y respuestas definitivas aún no tenemos a nuestro alcance. Aún así, intentaré explicar mis teorías y mis conjeturas sobre este maravilloso tema.

Las primeras preguntas que nos hacemos hacen relación a su origen. ¿Qué son? ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? Todos recordamos la última batalla que llevó a Brekarth a su derrota definitiva. Los cuerpos tras las negras armaduras estaban hechos de carne, y sangraban nuestra misma sangre. Autopsias posteriores indicaban la existencia de nuestras mismas entrañas y nuestra misma complexión. Habían hombres y mujeres, con los mismos rasgos y cualidades. ¿Qué son entonces? Con casi total seguridad digo que son humanos. Quizás alguna variación, como la de Astadia, Maheda o aquí mismo en Dyloen, en la región de Surgas, pero humanos después de todo. Con esta afirmación podríamos dar por respondida la primera pregunta, pero hay algunos casos particulares que llaman mi atención. Algunos soldados afirman que al vencer a algunos caballeros de Brekarth, éstos no sangraban en lo absoluto, y en su lugar despedían gases oscuros, luego de lo cual las armaduras caían vacías al piso. Esto concuerda con los hallazgos pos-confrontación de armaduras negras intactas repartidas por todo el campo de batalla. ¿Qué explicación cabe dar a este hecho? Parece absurda la idea de que las armaduras vacías hayan sido esparcidas con un propósito desconocido, y que nuestros valientes guardianes hayan inventado tal fantasía de la nada y por nada. Entonces nos enfrentamos a un hecho inexplicable de la guerra pasada.

Por suerte no tenemos las manos vacías. En la biblioteca desenterrada durante los años de restauración se hallaron textos que datan de una época anterior a la aparición humana en estas tierras. Uno de ellos en particular contiene pistas importantes para descifrar las incógnitas frente a nuestros ojos y comprender la verdadera forma y naturaleza de aquello a lo que nos enfrentamos años atrás. Su portada dice "Elenion", y está escrito en runas élficas tan antiguas que incluso entre los mismos eruditos elfos hay discrepancias en sus reales significados. Aunque es poco lo que hasta ahora he logrado esclarecer de los difíciles escritos, es suficiente para darnos alguna idea de lo que era (o es) Brekarth.

Efectivamente, la carne que cortaba las espadas de nuestros valientes guerreros era carne humana, la sangre que se derramaba era humana, la vida que se arrebataba era humana. Pero la verdadera fuerza de Brekarth no lo era. Los antiguos elfos de Tûr-Aglareb (o "La Tierra Perdida", como le llaman los elfos a la extensión de tierra que ahora ocupa Caerllion), señalan la existencia de Brekarth al momento de su llegada al continente. Hablan no de un pueblo, sino de una entidad, una presencia, una "esencia" (que luego llamaron Elenion, que significa "Esencia Maligna") presente en el lugar, que llevaba a los más débiles a un estado psicopático que muchas veces sólo se detenía con la muerte. Sin comprender qué sucedía exactamente en Tûr-Aglareb, los elfos recién llegados migraron hacia las tierras del norte, naciendo de esta manera Aleith, como el nuevo paraíso. Con el pasar de los años, la esencia fue ganando fuerzas y fue expandiéndose. Sus efectos fueron cada vez más notorios, contaminando aguas y enrareciendo la vida. Desde las montañas de Qweldor era posible divisar una neblina de tonos entre negro y púrpura que cubría todo el valle , y se extendía hacia el mar.

Seguramente las mismas montañas de Qweldor contuvieron el avance de esta neblina hacia el resto de Dyloen. Elendil, la tierra originaria de los elfos, no tuvo la misma suerte y pronto muchos de los elfos de la costa más cercana a Tûr-Aglareb comenzaron a sentir en carne propia los efectos de Elenion. Su piel fue cambiando a un tono del mismo color que la nube, y sus habilidades y fuerza fueron aumentando al igual que sus niveles de violencia y crueldad. Pronto se desencadenó una dura lucha entre los ahora llamados oscuros y los que aún no llevaban la corrupción de Elenion.

Elendil habría sucumbido totalmente frente a Elenion si Aleith no hubiera intervenido. Leiwen, un viejo sabio del pueblo en los árboles, ideó un conjuro mágico lo bastante poderoso como para evitar la aparición de la esencia, y desvanecer muchos de sus efectos, pero que sin embargo, además limitaba toda expresión de las emergentes disciplinas de magia desarrolladas en el último tiempo. De todas maneras, fue un bajo precio por salvar a sus hermanos de su tierra madre.

Una vez que el sello mágico estuvo en pie, Elenion fue perdiendo presencia y en cuestión de horas las aguas volvieron a ser cristalinas y el cielo azul. Los elfos oscuros recuperaron la cordura, pero sus cuerpos quedaron estigmatizados por la presencia del mal. Desde esos días, las generaciones de elfos oscuros han cargado con la marca de Elenion en sus cuerpos, los que les identificaba entre los mismos elfos como seres impuros. Pero además de cambiar sus cuerpos para siempre, en sus mentes también algo había cambiado. Su nueva forma de pensar y sus nuevas preocupaciones provocaron roces inevitables con sus hermanos, terminando en la separación definitiva, naciendo así un nuevo pueblo: el pueblo oscuro de Elendil, conocido como Isilindil.

De este relato las conclusiones son claras. Brekarth no es humano, y cada hombre y mujer que cayó en cada batalla librada era un de los nuestros, haya estado en su sano juicio y haya sucumbido su espíritu a la influencia de esta esencia maligna. Nos convertimos entonces en unas marionetas, en simples piezas prescindibles para su propósito, cualquiera fuera éste. Nos hizo luchar entre nosotros sin siquiera sospechar de ello hasta ahora. Brekarth entonces es una fuerza que se apodera totalmente de nuestros corazones.

Lo que es digno de análisis son sus características. Me atreví en el párrafo anterior a hablar sobre el propósito de Elenion en este mundo, lo que puede ser interpretado como una insinuación a que esta esencia posee cierto grado de voluntad y conciencia, que busca algo con todo esto. Pues aclaro inmediatamente que no se trata de una insinuación, sino de una afirmación con todas sus letras. Muchos podrán objetar lo que acabo de decir, incluso me tildarán de loco o paranoico, pero son tres los hechos que evidencian una voluntad y conciencia en Elenion.

Primero, su carácter selectivo: Brekarth no contamina todo lo que toca. En la misma lucha hace unos años vivida se apoderaba sólo de algunos guerreros, y no de todo aquél con el que entrara en contacto. Y si podía corromper a algunos pocos, ¿por qué no corrompió a todo nuestro ejército? Me temo que si se lo hubiera propuesto lo podría haber hecho, y las razones por las cuales no lo hizo escapan a mi entendimiento. He oído a algunos que han insinuado que si no corrompió a más soldados fue porque la mayoría de nuestros soldados eran inmunes, y a algunos otros a manifestar que simplemente no tuvo el tiempo para contaminarlos a todos. A ellos les recuerdo el caso que sacudió a Astadia varios años atrás: un pueblo completo, de más de mil quinientos habitantes, desapareció sin dejar rastro alguno tras el paso de una nube púrpura proviniente del norte. ¿Que no tuvieron el tiempo de corromper? Más de mil quinientas personas fueron corrompidas en unos cuantos minutos, y digamos, es una velocidad considerable. ¿Que algunos eran inmunes a la corrupción de Brekarth? Puede que sí, que algunos lo fueran, pero no tantos. En Lomass la población total fue corrompida, sin ninguna excepción. Y recurriendo a nuestro origen hay que recordar que nuestros más remotos antepasados eran asteos, es decir, la sangre que recorre nuestras venas es poco diferente a la de los cientos de desaparecidos en Astadia. Decir que hemos desarrollado inmunidad en tan corto tiempo, aunque no es imposible, sin duda es altamente improbable.

Segundo está el orden y lugar de sus apariciones. La primera aparición de la esencia fue en el relato "Elenion" antes nombrado que data de al menos cinco mil años atrás. Desde el Sello de Leiwen que no hay más registros de Brekarth. Mis estudios han dado como resultado que uno de los tantos santuarios élficos profanados durante el período de colonización de las altas tierras al norte de Caerllion se hallaba el bastión principal que mantenía el sello en pie. Una vez desvanecida la magia tras el sello roto, Elenion fue una vez más libre. En esos tiempos, las tierras más allá de Qweldor eran totalmente desconocidas por nosotros, por lo que jamás sospechamos siquiera el poder maligno que habíamos liberado. No comprendo bien el por qué, pero la esencia no eligió esta vez ni Elendil ni Dyloen para esparcirse, sin que "optó" por un camino mucho más lejano, cruzando Bolouff hacia la tierra de nuestros orígenes, donde ocurrió el incidente de Lomass. ¿Cómo pudo optar por la opción más compleja si no es con una muestra de voluntad? Llegó a Lomass porque quería llegar a Lomass. Por qué quería llegar a Lomass y no a otro lugar, ése es un cuento que no conozco. Y luego de su repentina llegada a Astadia y su repentina marcha de regreso a Dyloen, había retornado con fuerzas renovadas. Su nueva aparición, en Radeas, capital del reino del mismo nombre al norte del continente, ya no como una nube púrpura extendiéndose por el aire sacando de razón a todo quien entra en contacto con ella, sino como guerreros de carne y hueso, fuertes y hábiles, con un increíble instinto asesino. El ataque dejó a Radeas en jaque, a pesar de que superaban a su rival fácilmente cinco a uno. ¿Por qué atacaron a Radeas precisamente? Mi teoría es que no andaban tras radeas, sino de las ciudades élficas en Aleith, y que al menos una parte de ellos dio con la desafortunada ciudad, con las consecuencias ya conocidas. Si hubiera sido un ataque dirigido, seguramente el resultado de la batalla hubiera sido otro. Sobre alguna posible confrontación entre elfos y secuaces de Brekarth durante estos días no hay registros en mi conocimiento. Hay que recordar que las aldeas del Aleith se encuentran tan bien ocultas, que no hay persona que haya podido dar con una de ellas dos veces. Los misterios del pueblo élfico son tanto o más difíciles de revelar que los de Brekarth.

Retomo el caso de Caerllion para hacer hincapié en el que es mi tercer punto argumentativo: las armaduras que se movían a voluntad. Estas armaduras no se movían por sí solas como si tuvieran vida, sino que eran manipuladas, y no precisamente por medio de un titiritero desde el exterior, sino por una fuerza desde el interior. Seguramente por medio de algún artilugio mágico, los seguidores incondicionales de Elenion lograron sellar parte de ella en las susodichas armaduras. No me importa lo que un alquimista, ingeniero o mago tengan que decirme: un gas inerte es imposible que pueda mover una armadura, y aunque pudiera, no se explica que la mueva tal como se movería si un hombre la llevara puesta. De esto puedo concluir dos cosas: que la esencia se mueve independientemente, lo que confirma mi segundo punto, y que este movimiento puede imitar al menos condiciones humanas. Y aquí el hecho de "poder" también deriva en el hecho de "no poder", lo que nos lleva nuevamente a la idea de una voluntad y una conciencia, que es capaz de razonar y de manifestarse según desea. Podría asegurar que incluso su apariencia como niebla púrpura no es más que la primera forma de manifestarse una fuerza consciente y con voluntad propia que no somos capaces de explicar ni entender, y que la corrupción y las armaduras siguen una línea de evolución que nos deja con la interrogante de cuál será su próximo paso a dar.

Pero ¿quiénes eran todas esas personas, todos ellos humanos, que lucharon contra nosotros en repetidas ocaciones? Pienso que la mayoría de ellos corresponde a la gente desaparecida de Lomass muchos años atrás. Elenion, necesitando urgentemente seguidores, los buscó en un lugar muy alejado, insospechado. ¿Por qué no eligió a los humanos de Dyloen? No se me ocurre otra respuesta más que porque simplemente no sabían de nuestra existencia. Hay que recordar que en los tiempos en que el sello de Leiwen fue levantado, los humanos aún no pisaban Dyloen. También he corroborado gracias a mis colaboradores que desde la fundación de Radeas se han registrado desapariciones de algunas personas de Radeas y Tabeas cuyos paraderos nunca fueron conocidos. Y también, aunque no existen registros escritos, se han reportado desapariciones en las tribus de Surgas cuyo número supera con creces las quinientas cabezas. El contingente fuerte lo trajeron desde Lomass, pero una vez en conocimiento de lo ocurrido durante los último milenios en su ausencia, fueron haciéndose de, ahora más cuidadosos en su selección, los más fuertes guerreros de Dyloen.

La comprobación de todas estas teorías se vuelve complicada habiendo pasado tanto tiempo desde que la última batalla fue librada, ya que los cuerpos de los desafortunados caídos ya hace tiempo son uno con la tierra. Sólo existe un método para reconocer a alguno de los que cayó bajo la influencia de Elenion, y ése es analizando en profundidad el Salón de las Estatuas de Piedra, en el ala oeste del palacio, lo cual hasta ahora se halla estrictamente por el rey Daylon Ambrós I.

Aún no comprendo la magnificencia de aquellas estatuas. Mientras que los corruptos caídos en batalla se pudrieron como cualquier otro, en el momento de la victoria en donde el sello de Madulk fue levantado como el de Leiwen miles de años atrás, los seguidores de Brekarth aún vivos se convirtieron en cada una de esas hermosas estatuas que ahora adornan el palacio. Pero, ¿por qué esta vez se convirtieron en piedra? ¿por qué los elfos oscuros recobraron el juicio tras la desaparición de la esencia, y no se convirtieron en piedra como sucedió en esta ocasión? Presento dos teorías: la primera es que, aunque ambos efectivos para disipar la esencia, el sello de Leiwen y el sello de Madul eran conjuros distintos, lo cual es razonable. La segunda, es que se trata de un nuevo as bajo la manga de Elenion. Es curioso que en esta ocasión la esencia haya elegido corromper sólo a seres humanos, y me parece que la razón de esto es bastante lógica: no se trata de debilidad mental, pues si así fuera, los orcos serían una presa mucho más deseada (en genral, disculpar los orcos que leen este documento y son capaces de entenderlo), sino de moldeabilidad: el ser humano, débil e incrédulo en dogmas y estilos estrictos de vida, versátiles y moldeables, es el peón perfecto en el tablero de Elenion. Mientras que los elfos son más resistentes por la paz profunda que la mayoría proyecta, y los orcos son insuperables en fuerza de voluntad y en el poder de su propia especie, el ser humano se halla indefenso, incluso rogando por una oportunidad de poder y control. Son la marioneta perfecta para llevar a cabo la voluntad de la esencia en este mundo de las cosas.

Ahora cos humanos leales bajo su control, Brekarth no desistiría otra vez de su influencia ni volvería con sus manos vacías si desaparecieran una vez más de este mundo. Esta vez se aferraron con tal fuerza a sus seguidores que sus mismos cuerpos le han servido como protección, como refugio, para luego continuar apenas el nuevo Sello se disipe. No quiero imaginar qué podría pasar si el poder que guarda el viejo bastón del hechicero Madul se llegara a desvanecer. Espero que se mantenga intacto al menos por unos miles de años más, como lo hizo su predecesor, suficiente tiempo como para asegurar una victoria permanente y una manera de erradicar a Brekarth para siempre.

El contenido del texto le pareció sensato, y las explicaciones calzaron en todas las experiencias que ha tenido con los hombres de Brekarth. Al igual que todas las personas que pedían en la entrada de palacio el pase de la Organización Schellden al Salón de Piedra, ahora le parecía una necesidad investigar a fondo las estatuas en las que se convirtieron los enemigos de antaño. Dejando el texto sobre su escritorio nuevamente, se levantó del escritorio y se apresuró a salir de su cuarto. Ya llevaba bastante tiempo desde que el guardia le informó sobre la petición de Sir Rodas a una audiencia. Sintió un poco de culpa por su actitud poco seria de hace un momento, pues si Rodas necesitaba hablar con él, conociéndolo, es porque se trataba de algo realmente importante. Una irritación tonta como ésa podría traer la desgracia a su vida y a la de su pueblo.

Dejó la habitación y comenzó el camino hacia el salón del trono. Ahí podría recibir a Sir Rodas y dar la orden que perimtiría a la Organización Schellden investigar el Salón de Piedra. Llegando al lugar, un guardia (que supuso fue el mismo quien le llamó en su habitación), le indicó que Sir Rodas estaba aún esperándolo. Cuando el rey entró al salón del trono, pudo distinguir enseguida el semblante único del caballero que eligió como Jefe de Seguridad del Reino. Miembro de la antigua orden de caballeros conocida como la Élite de Radeas, Sir Rodas se mostraba sereno, como siempre, aunque su rostro auguraba malas noticias. Daylon se dirigió al trono mientras Sir Rodas le hacía una reverencia. Una vez sentado, el rey se puso cómodo.

- Muy bien, amigo Rodas. ¿Qué noticias me traéis?
- Definitivamente no son buenas, mi señor. He sido informado por Sir Grendell que vuestro consejero real y amigo Matt Jarlians ha sido emboscado en los montes de Qweldor, y ahora está muerto.