Lugar: Caerllion.
Fecha: 5.6.11 del nuevo calendario de Caerllion.
Tarde en Caerllion, por entre las sombras que ya comenzaban a pronunciarse, una figura se escurrió hábilmente para no ser descubierta. Zeltoss, gran hechicero de magia roja en tiempos anteriores, con suma prudencia se escabullía por los pasajes de la ciudad, sólo con el objetivo de prevenir a Jarlians de lo que se avecina. Temía que su maestro hubiera finalmente perdido lo poco que quedaba de su humanidad. Sabía además el gran riesgo que corría al infiltrarse en una ciudad atestada de antiguos aliados, por siempre enemigos, y en donde todas sus habilidades se desvanecían al intentar ponerlas en manifiesto en esta tierra sellada. Sin embargo, lo que había descubierto hacía valer la pena todo riesgo. Llevaba horas dentro de la ciudad. Con su movimiento reducido por los incontables centinelas elfos y humanos desplegados para asegurar el orden, había visto sus esfuerzos por encontrar a Matt hasta ese momento infructuosos. Aunque hubose desprendido de su acostumbrada túnica roja y de su tan propia barba ceniza, aún creía que era fácilmente reconocible por la ciudadosa selección de personas que habitan Caerllion.
Se halló frente al mercado. Del largo seguir de puestos repletos de comerciantes y clientes que habían al llegar, sólo quedaban unos pocos que ya estaban por cerrar. Con dificultad ante la luz cada vez más escasa, Zeltoss pareció notar la silueta de quien busca, perdida entre los pliegues del característico atuendo rojo que utiliza la orden, aunque notablemente más elegante. Se puso ansioso y pretendió ir tras él, mas con un respingo respondió cuando una mano le tocó el hombro por detrás.
- Disculpe, señor -un guardia le habló sin mayor cuidado; obviamente no le ha reconocido -. Está anocheciendo, y puede ser peligroso deambular por estas calles oscuras, sobre todo en este último tiempo que algunos criminales andan suelto por estas calles. Le aconsejo que tome la avenida principal, que está más iluminada. Ahí estará más seguro.
- Eh... muchas gracias... tomaré su consejo...
El guardia se despididió amablemente y se dirigió a la avenida. Unos pasos más adelante se dio vuelta para ver si el anciano le seguía, pero en vez de eso se encontró con el camino completamente solitario. Zeltoss tomó un camino lateral que llevaba finalmente a la avenida comercial, donde vio a Jarlians por última vez; ya no estaba allí. La ansiedad comenzó a afectar su habitual calma, y en un sentimiento parecido a la desesperación dejó la oscuridad de la callejuela para seguir el camino principal a paso apresurado. Un par de minutos después vio a Jarlians entrando a una posada. "¡Jarlians!" -grita, pero al parecer sin ser escuchado, así que continuó su camino al lugar. Sin embargo, cuando sus manos se disponían a abrir la puerta, ninguno de los numerosos guardias cercanos advirtió cómo una sombra furtiva tomó al anciano por la fuerza y le llevó a la oscuridad.
II: La flama extinta.
- Zeltoss, ¿eh?
- Qué quieren de mí, no sé de qué hablan, sólo soy un pobre anciano... déjenme ir...
Zeltoss se hallaba sentado en el frío suelo de una oscura calle cerca de la posada, rodeado de varios hombres de trajes oscuros y caras ocultas tras grotescas máscaras.
- ¡Ja ja! -Uno de estos hombres, quien parecía el líder se rió fuertemente. Luego, dirigiéndose a uno de sus camaradas -. Cree que no sabemos quién es... ¡Ja ja! -un momento más tarde, esa risa sínica y fría desapareció repentinamente -¿Sabes? En lo personal no tengo nada en contra de los de tu clase. De todas formas, aquí en Caerllion siempre serán presas fáciles si cometen el error de cruzar sus puertas. Pero... hay alguien que está pagando muy bien por llevarte a su presencia, y... unas cuantas monedas no nos har... aagh...
Las palabras dejaron de fluir. Una hoja de acero se asomaba por el cuello del líder. Pronto fue removida y la sangre brotó de la herida recién abierta, mientras al cuerpo cayó retorciéndose antes de quedar inmóvil. Otro sujeto, vistiendo ropajes similares a los demás bandidos, se hallaba quieto con la cuchilla ensangrentada en sus manos. Los demás no demoraron en salir del shock y pronto todos tenían distintos tipos de armas en sus manos, preparados para pelear. El asesino se dió media vuelta y espera un momento. Luego de recorrer con la mirada a cada uno de los bandidos, se le escuchó murmurar lo que parecía ser un "perfecto", luego de lo cual arremete ferozmente contra el desdichado más cercano.
Zeltoss vio la oportunidad de escapar. Sin embargo, las condiciones en las que se estaba desarrollando el conflicto le impedía escapar directamente hacia la posada. Pero mientras más lejos del peligro estuviera mejor, y pronto se escabulló hacia calles interiores. No corrió más de quince segundos cuando desde lo alto apareció una figura humana frente a él, bañada en rojo, cayendo hincado frente al anciano. Era el asesino, quien miró fijamente a Zeltoss mientras enderezaba su postura. Zeltoss, aterrado, dio unos pasos hacia atrás y luego volteó para empezar a correr. A pesar de la máscara que la cubre, era posible apreciar una sonrisa en la cara del asesino. Instantes después, cuchilla en mano, comenzó su persecución al desafortunado hechicero.
Lugar: Caerllion.
Fecha: 5.6.12 del nuevo calendario de Caerllion.
Jarlians despertó en la mañana descansado. Pronto se hubo lavado y vestido, salió de la hospedería con no más asunto que caminar sin destino fijado. En tiempos de tranquilidad no era mucho lo que tenía que hacer, y fuera de enseñar a los jóvenes sobre técnicas de concentración y relajación en la academia de los Schellden, no es mucho más lo que hacía. Dormir en las posadas como ya es su costumbre desde muchos años antes de la fundación de Caerllion siempre hacía que el amanecer se viera más hermoso. Perdía el tiempo entonces caminando, pensando, recordando.
Al salir de la posada, le sorprendió ver una multitud poco usual de curiosos apenas siendo contenidos por la guardia de Caerllion, que parecía haberse concentrado en el sector durante todo lo que llevaba la mañana. Uno de los guardias notó la presencia de Matt y se le acercó.
- Saludos Benet. ¿Qué ha ocurrido? -preguntó Matt.
- Asesinato, señor -responde el guardia-. Se trata de Pyton...
- ¿Pyton? ¿Ese ladrón ahora está matando?
- No, señor, él no es el asesino... es la víctima, él y toda su banda. Sir Rodas está a cargo.
Jarlians no pudo disimular la sorpresa. Pensó un rato y luego habló.
- Lléveme donde están los cuerpos.
- Sí, señor.
Benet guió a Matt por entre las personas que querían echarle un vistazo al sengriento espectáculo. Cuando llegaron al lugar, unos quince guardias mantenían un cerco humano para que los morbosos no se acercaran al callejón. Jarlians pasó el cerco y observó sobre un piso pintado de sangre cinco cuerpos sin vida.
- Los cuerpos han sido identificados como Pyton, Areard, Dante, Alinas y Sampred: los cinco integrantes de la banda. Todos ellos muertos por estocadas precisas en puntos vitales, hechas por una cuchilla larga.
Benet informaba a Jarlians mientras éste se agachaba frente a uno de los cuerpos y lo examinaba por sí mismo. Terminando el informe, un guardia que recién estaba llegando se acercó a Matt para darle un mensaje.
- Señor, Sir Rodas desea hablar con usted.
- Muchas gracias, soldado, voy de inmediato. Benet, muchas gracias por dejarme al tanto de la situación. Siga con sus tareas, ahora me retiro.
Luego de despedirse, Matt siguió al guardia que lo guió hasta otro pasaje. En él había también presencia de guardias, pero no había civiles curiosos como donde estaba Benet. Entre otros guardias se lograba identificar a Sir Dargar Rodas, un viejo caballero, antiguo integrante de la Élite de Radeas, actual hombre al mando de la Guardia Real de Caerllion. Al ver llegar a Matt, se acercó para saludarlo.
- Saludos, Matt, y gracias por acudir tempranamente a mi llamado. Venga, acérquese un poco, que quiero que vea esto y me diga qué opina.
Luego del estrechón de manos, Jarlians fue llevado al lugar donde los demás guardias estaban. Un poco más allá pudo observar, tendido en el piso, a un pobre anciano boca abajo, con una certera puñalada en la zona del corazón.
- ¿Asesinado por la misma mano? -pregunta Jarlians.
- Al menos por la misma arma -responde Rodas-. Pero no es eso lo que quiero que vea. Por favor, observe un poco a la derecha.
Jarlians observó hacia donde se le indicó, y vio que el anciano había escrito algo en el suelo utilizando su propia sangre. Se sorprendió al descifrar qué representaban aquellas letras.
- Matt... -repite Jarlians.
- Exacto -dice Rodas, mirando fijamente a Matt. Un segundo después, Jarlians se dio cuenta de que el mensaje escrito por el anciano lo implicaba como el principal sospechoso de aquel horrible asesinato.
IV: Identidad.
- Ah no... no puede acusarme de este crimen, yo ni siquiera había visto a este anciano antes.
- ¡Oh no!, por supuesto que usted no lo ha matado. Discúlpeme si me he expresado incorrectamente y me ha malinterpretado. Sólo quería saber si usted lo conocía. Al menos es evidente que él sí lo conocía a usted. Pero veo que no le reconoce en absoluto. Aún así, me gustaría que observara una vez más el mensaje, o para ser más preciso, lo que hay detrás de él.
Jarlians observó el mensaje y notó que bajo la sangre hay unas marcas sobre el camino de piedra que evocaban algunas letras: "...m ...os ...oj... y... xis...n...". No era capaz de leer el mensaje completo, pues la sangre del anciano ya había borrado muchas de las letras.
- No soy capaz de leer lo que dice...
- Nosotros tampoco, pero tenemos algunas hipótesis, y hay una en particular que puede que signifique algo para usted. Creemos que las primeras dos palabras corresponden a "Magos Rojos".
Súbitamente, al escuchar esas dos palabras, Matt reconoció rasgos familiares en el anciano. Lo miró detenidamente y los rasgos parecieron acentuarse con más fuerza aún. Faltaba la barba, faltaba la túnica, pero era totalmente reconocible, ahora.
- ¡Zeltoss! -exclamó Matt tras el descubrimiento.
- Cierto -respondió Sir Rodas, con naturalidad-. Sospechábamos que podía ser él por los mensajes, pero la ausencia de ciertas características propias de Zeltoss nos hizo dudar, y preferimos contactarlo a usted para que corroborara estas sospechas. Ahora está claro. Quien yace muerto en este lugar es Zeltoss, asesinado a sangre fría por un desconocido.
- ¿Pero qué hacía él aquí en Caerllion?
- También me pregunté eso. No tenía sentido que viniera precisamente al único lugar del mundo donde se encontraría completamente indefenso. Sospechamos que la explicación está en el primer mensaje, es decir, tenía que ver con usted.
- Suena lógico, pero hace años que no tengo nada que ver con los magos rojos. ¿Qué clase de intenciones podría haber tenido?
- Me temo que no lo sabemos. Aún así, el mensaje advierte que usted está en alguna clase de peligro. Le ruego que cuide su espalda de hoy en adelante. Iniciaremos inmediatamente las investigaciones para dar con el o los asesinos.
Jarlians volvió a mirar el cuerpo del anciano. Aún no podía creer que tan poderoso hechicero como Zeltoss hubiera terminado de esta forma sus días. Sir Rodas continuó.
- He hablado con Sir Grendell para que le guíe sobre los pasos a llevar a cabo para hacer efectiva su seguridad. Regrese ya al lugar donde están los cuerpos de Python y sus secuaces, de seguro ya debe haber llegado.
- Está bien. Muchas gracias por todo. Hasta luego.
Matt se despidió de Rodas y caminó hacia el lugar de los hechos. Al llegar, la multitud aún estaba amontonada esperando echar al menos un vistazo al horrible espectáculo. No fue difícil hallar a Sir Grendell entre los demás guardias. Un tipo alto, de pelo corto, orejas pequeñas y ojos redondos color acre. Segundo al mando en la seguridad de Caerllion, después de Sir Rodas.
- Señor Jarlians. Le esperaba.
V: Viaje inesperado.
- Sr. Jarlians. He sido informado que su vida puede estar en peligro, y se me ha ordenado preparar todo para su salida de Caerllion, para mantenerlo a salvo mientras dure la investigación. Mis mejores hombres lo esperan para partir hacia Tabeas.
- ¿Qué, ahora mismo? Me gustaría ir por mis cosas antes de partir...
- Me temo que no ha de ser posible, sr. Jarlians. Mis instrucciones y las suyas ya han sido dadas, y debe dejar Caerllion. Ahora.
Jarlians estaba extrañado. Si bien las cosas realmente importantes siempre las lleva consigo, el apuro de Sir Grendell por cumplir sus órdenes era poco usual, siendo que últimamente era él quien más cuestionaba el actuar del rey Daylon. Aún así, decidió seguir las órdenes del caballero. Caminando un poco hacia palacio, aunque sin llegar a él, encontraron una carreta cerrada, con la presencia de algunos soldados con armadura real.
- ¿Ellos son sus mejores hombres? No recuerdo haberlos visto antes.
- Son parte de la segunda división, y vienen llegando de una campaña en Surgas. Que no le incomode, son experimentados y leales. Harán su trabajo, se lo aseguro. Permítame presentarle a quien estará a cargo en el trayecto -señalando a uno de los soldados, que da un paso hacia adelante y se dirige a Jarlians -: el capitán Joseph D'aubigne.
- Enchanté, monsieur Jarlians. Estaré a cargo de su seguridad en este viaje -Joseph le tendió la mano a Matt, quien le responde estrechando la suya. El capitán se ve un hombre refinado, pelo negro y barba puntiaguda. Un poco más alto que Jarlians, y aunque de contextura más bien delgada, su imagen mostraba cierta imponencia y fuerza poco común en personas como él. Su espada no era la clásica espada de los soldados, sino una versión más fina, pero que también contaba con el sello real.
- Un gusto, capitán -luego Matt se dirigió nuevamente a Sir Grendell-. ¿Seguro que no puedo ir por mis cosas?
- Seguro. No podemos perder más tiempo -y retomando el hilo-. Muy bien, harán su partida ahora mismo. Si todo sale bien, al anochecer ya estarían llegando a Cuset, donde harán su primera parada y pasarán la noche. Luego, en unas cuantas horas más estarían llegando a Tabeas, donde Sir Legon le recibirá. Una vez ahí, deberá esperar nuestra comunicación para explicarle cómo se está procediendo. Ahora lo dejo con el capitán. Buen viaje.
Una vez que Sir Grendell se encaminaba hacia palacio, el capitán D'aubigne se acercó un poco a Matt, y le habló en voz baja, como invitándolo a compartir un secreto.
- Sir Grendell puede ser un poco grognon, ¿cierto? Le he escuchado antes, y si me promete que tomará poco tiempo, podemos pasar a su residencia a retirar algo que desee llevar consigo.
- No se preocupe, capitán, estoy bien. No se meterá en problemas por mi culpa.
- Me parece bien. Suba a la carreta entonces. Uno de mis soldados irá conduciendo la carreta y el resto iremos alrededor de la misma en labor de vigilancia. Usted irá seguro.
Matt asintió y subió a la carreta. Supuso que por razones de seguridad se había elegido una carreta algo vieja y destartalada, sucia y con pocas comodidades, haciendo poco evidente su salida en ella. Sólo mantenía una abertura por el frente donde va el conductor, y una puerta de madera pequeña por la parte trasera. Una vez acomodado como fuera dentro de la carreta, el capitán Joseph dio órdenes de partir y muy pronto la carreta estuvo en movimiento, camino hacia Qweldor y luego a su primera parada Cuset. Detrás, el capitán y dos soldados seguían la carreta hacia la salida de Caerllion, donde tres soldados más se les unieron y partieron hacia las montañas.
Lugar: Montañas de Qweldor.
Fecha: 5.6.12 del nuevo calendario de Caerllion.
VI: Desvío.
Ya llevaban un par de horas de viaje. De vez en cuando, Joseph abría la puerta de atrás y echaba un vistazo al interior, donde Jarlians siempre parecía estar meditando sobre alguna cosa. En la última vista, el capitán le informó a Jarlians la llegada a Qweldor.
- Monsieur Jarlians, mantenga el equilibro que iniciamos el trayecto de camino rocoso.
Matt no estaba acostumbrado en ir si no es a pie, ni mucho menos por camino rocoso, por lo que al iniciar los saltos de la carreta mientras en ciertas partes parecía inclinarse demasiado, decidió mejor bajarse de la carreta y caminar al menos aquella parte del camino.
- Pardon, monsieur. No es seguro que siga fuera de la carreta.
- No se preocupe, apenas termine este condenado camino, subo a la carreta de nuevo.
- D'accord...
Una vez caminando, notó que el capitán empieza a sentirse realmente incómodo, incluso más molesto, lo que a su vez también empezó a incomodar al propio Jarlians. No pasaron más de quince minutos a pie cuando decidió subir nuevamente a la carreta. El capitán apenas lo vio subirse nuevamente, se acercó a la misma y abrió la puerta recién cerrada por Matt.
- Excuse moi, monsieur, ¿se quedará en la carreta?
- Sí, al menos hasta Cuset. Ya vamos a llegar al desvío hacia el este y el camino rocoso terminará de todas formas.
- Muy bien. Le avisaré entonces cuando lleguemos.
El capitán cerró la puerta y el viaje continuó. Dentro de la carreta, Matt observaba con detenimiento la esfera cristalina con la que terminaba el báculo entregado hace tantos años por su maestro, en cuyo interior el fuego eterno con el que la conoció aún no se extinguía, a pesar del sello que mantenía a Caerllion libre de cualquier expresión mágica.
- Amarath es un genio... ¿Cómo habrá logrado aislar esa llama para que lo exterior no le afecte? ¿O de qué esá hecha la esfera, que se ve tan frágil como el cristal, pero que en realidad es más resistente que el diamante?
En ello pensaba cuando la luz de un sol decayente inundó el interior de la carreta, dando de lleno en el rostro de Jarlians, obligándolo a adpotar otra posición.
- ¡Pero qué rayos! Condenado sol... Algún día me las pagará, ¡ja ja!
Comenzó a recordar las maravillosas tardes de los viajes a Cuset en épocas anteriores; de cómo siempre se maravilló de lo imponente de las montañas, cómo su poder se abría paso hasta finalmente vencer en lo alto a la misma vida, al fin satisfecho de sus obras; cómo la vida insistía en pedir revancha en cada momento, cómo también los colores únicos y espectaculares se fueron perdiendo en cada paso humano en su suelo virgen. Recuerda cómo el radiante sol en tiempos fríos se ocultaba temprano tras las altas montañas del norte.
- Las montañas del norte...
Y fue en ese momento cuando todo empezó a perder sentido. Matt se levantó algo exaltado e intentó abrir la puerta trasera, la que encontró cerrada, sin poder abrirla. Entonces fue hacia el frente, donde aún estaba el soldado que conducía la carreta, frente a un sol que empezaba a perderse en las montañas, las montañas del norte.
- Disculpe, soldado. ¿Qué camino es éste hacia Cuset?
El soldado se mantuvo fijo al camino, sin decir una palabra. Decidió acercarse un poco más para llamar su atención, pero una vez más cerca de la salida, observó que la carreta ya no es más tirada por caballos, y en su lugar ve un enorme precipicio. Vió también que el soldado no era en realidad un soldado, sino un montón de paja cubierta por una armadura real.
- ¡Pero qué rayos...!
Matt rápidamente salió de la carreta, que ya prácticamente tenía dos ruedas en el aire. Saltó apenas de ella, quedando agarrado en una roca saliente, colgando al borde del precipicio. La carreta cayó por él, haciéndose añicos en el fondo.
- Muy bien, mis soldados. Misión cumplida, ¡ahora camino a casa!
Joseph parecía satisfecho, e invitó a sus compañeros a iniciar su vuelta a Caerllion. Así, confiados en que Matt había caído junto a la carreta, comenzaron su marcha. Dejando a sus espaldas a un consejero real colgando de una roca. Éste viéndose en tal situación, decidió quedarse ahí al menos hasta que los soldados ya estuvieran algo alejados, pero la roca empezó a ceder, lo que le 'motivó' a salvar su pellejo. Así escaló el borde del precipicio, pero en el último paso, la roca de apoyo se soltó completamente, cayendo al vacío y haciendo tropezar a Matt. El ruido no fue mucho, pero fue suficiente para que Joseph a la distancia le llamara la atención. Se detuvo e hizo callar a sus soldados, y luego se dio vuelta, viendo a un Matt dando un último paso en tierra firme, que lo miraba con desilusión.
- ¿¡Quiénes son ustedes!? -Matt parecía inusualmente enfadado, después de todo, estuvo al borde de la muerte.
VII: El fin del camino.
- ¿¡Quiénes son ustedes!? - repitió Matt, ansioso de una respuesta rápida.
El capitán hizo un gesto de molestia llegando al punto donde estaba Matt, luego del cual dio alguna orden con las manos a los demás soldados, quienes inmediatamente tomaron posiciones alrededor de Jarlians. Luego se rascó la cabeza, buscando algunas palabras para decir.
- Esto no es conveniente, ¿sabe? Le dije que esperara dentro. ¿Por qué ha salido?
- ¡Si no hubiera salido ahora estaría al fondo del precipicio!
- Exactamente ése era el plan, monsieur. ¿No lo ve? Desde aquí, el precipicio era el camino más corto hacia Cuset.
- ¿De qué está hablando? Y aún no me ha respondido. ¿Quiénes son ustedes?
- Ya fuimos presentados en Caerllion, monsieur. Mi nombre es Joseph D'aubigne, capitán de la segunda división del ejército de Caerllion. Experimentados y leales.
- Leales... ¡Intentaron lanzarme al vacío!
- No le hemos dicho leales a qué o quién...
- ¿Por qué intentaron matarme?
- Digamos que Sir Grendell no gusta de su compagnie.
- ¿Esto es obra de Sir Grendell?
- Oui, oui. Y pues... -y desenvainando su espada, a lo que le siguieron los demás soldados - como sabe, somos experimentados y leales. Compañeros míos, haced vuestro trabajo.
Los seis soldados avanzaron con espada en mano hacia Matt, quien al estar con los soldados enfrente y el abismo detrás, reaccionó dirigiéndose a uno de los agresores. No sin dificultad esquivó el primer golpe y tomó del brazo al soldado intentando forzarlo a que suelte su arma. Pero el soldado era más fuerte y de un codazo le alejó. Poco tiempo tuvo Matt para reaccionar y apenas esquivar el filo de la espada del segundo soldado, pero ahora usando sus pies lo desestabilizó, quien cayó duro contra el piso. Rápidamente fue hacia el arma soltada por el hombre caído y una vez en sus manos rodó por la tierra para evitar los filos de un par de espadas más. Joseph estaba sorprendido por la agilidad demostrada por Matt, y desde la distancia parecía estar disfrutando el espectáculo.
- ¡Oh la la! ¡Quién hubiera imaginado que monsieur Jarlians, un simple maguito sin su magia, supiera defenderse de algunas espadas! ¡Ha ha!
Con la espada en mano, Matt pudo defenderse mejor de los ataques continuos, y pronto uno de los soldados recibió una herida que le obligó a abandonar la lucha dando unos pasos hacia atrás.
- ¡Ya basta, camarades, retrocedan!
La voz de Joseph llegó a los oídos de sus hombres, quienes inmediatamente adquirieron posiciones defensivas y se alejaron de un Matt que si bien no estaba agotado, ya estaba respirando agitadamente.
- ¿Qué, seis contra uno y no sois capaz de vencerme?
- Très bien, monsieur. Excelente técnica. Me complacerá mucho derrotarlo con mi propio acero. ¡En garde!
Joseph tomó inmediatamente la iniciativa y Jarlians notó inmediatamente la diferencia entre él y los demás soldados. Matt esquivó el primer ataque y arremetió, mas se vio frenado por una relampagueante estocada del capitán, que le obligó a bloquear y dar un paso atrás. D'aubigne no dio respiro y avanzó aquel paso para seguir con un incesante conjunto de movimientos que Matt apenas sí podía detener.
-¡Oui, oui! ¡Qué bien se defiende, monsieur Jarlians! Ya veo por qué el rey confía tanto en usted. Una técnica refinada y un estilo único. ¡Ho ho! Ahora probemos su ataque.
Dicha la última palabra, Joseph dejó de atacar y retrocedió unos cuantos pasos, dándole a Matt tiempo y espacio para reponerse.
- ¿Qué está esperando? ¡Ataque, monsieur!
- ¿Qué gana usted de todo esto?
- Por favor... sólo le ofrezco un poco de diversión antes de morir.
- ¡Ha! Antes de morir quién, ¿tú y yo?
- Usted conoce la respuesta. Le estoy esperando.
Jarlians entonces empuñó firme la espada y atacó de manera rápida y violenta, mas Joseph respondió de la misma manera y Matt se vio cortando el aire. Continuaron los ataques y el capitán con movimientos simples los esquivó todos. No pudo evitar sonreírse.
- Su ataque flaquea, monsieur. Con movimientos así no alcanza ni a un toro frente a usted. Probemos otra cosa.
Última palabra dicha y el capitán dejó de esquivar, y el ataque de Jarlians fue bloqueado fácilmente con la en apariencia más frágil espada de Joseph.
- Uh, oh. Pero tiene la fuerza de un mago... Me decepciona, monsieur Jarlians. Creí que sería un rival más complicado. Esta prueba... ¡ha concluido!
El último bloqueo hecho por Joseph vino acompañado de un contragolpe que Matt apenas vio. Los ropajes de su hombro derecho fueron cortados y pronto manchados por la sangre de Matt, quien dio unos pasos hacia atrás tomándose el hombro con la mano izquierda y quejándose un poco del dolor. El capitán lo miró como si ya estuviera vencido.
- El rey lo ejecutará si se entera de lo que está haciendo, Joseph.
- Je sais. Pero él no tiene por qué enterarse, ¿cierto?
D'aubigne dio unos pasos hacia adelante y luego insistió en el ataque a Matt, quien al ver que su intento de esquivarlo era demasiado arriesgado, intentó bloquearlo con su espada, pero el golpe fue demasiado fuerte y fue obligado a soltar el arma. Se movió rápido y antes que Joseph ataque otra vez se alejó unos cuantos metros, pero apenas se dio vuelta, frente a él estaba Joseph, quién le lanzó un golpe que cortó la mejilla izquierda del rostro de Jarlians, quien dio unos pasos hacia atrás, acercándose al borde del precipicio, mientras se cubría la cara y gruñía en señal de dolor. Luego sintió una mano en su hombro herido y vio frente a él a Joseph nuevamente, quien lo sostenía con una mano y con la otra apoyaba su espada en su pecho. El capitán miró fijamente a los ojos de Jarlians, quien ya no hacía ningún movimiento de quite.
- Se finit, monsieur.
Un movimiento del brazo de Joseph y su espada hubo atravesado el cuerpo de Matt, quien aun sin hacer un sonido o movimiento, hizo evidente su estado de dolor y agonía. Lentamente Joseph retiró la espada manchada y dio un leve empujón a Matt, quien sin poner ahora resistencia alguna cayó por el precipicio. Joseph sacó un trozo de género blanco con el cual limpió su espada antes de envainarla, luego de lo cual fue donde los demás soldados.
- Ahora sí, camarades, vámonos a casa.