martes, 7 de abril de 2009

Relámpago.

Luego, un destello. En ese preciso momento pude ver el rostro del capitán. El miedo había desaparecido de súbito, y pude distinguir una vez más esos ojos de la muerte. Todo volvió a ser oscuridad al momento en que oí el chirrido aquél de una espada desenvainando. Otro destello, y el capitán ya no estaba contra la pared. No pude ubicarlo y la oscuridad nuevamente envolvió todo con su manto. Oí gritar a Aisac, le oí gritar su nombre, antes de que el grito se ahogara por completo. Con tardía reacción me giré hacia donde estaba ese traidor. Un tercer destello me permitió ver la macabra imagen al mismo tiempo que sobre mí salpicaba una sustancia cálida al tacto, pero que congelaba el alma. El corte fue preciso, mortal. Ella gritó y la luz desapareció una vez más. Oí un cuerpo caer frente a mí, al mismo tiempo en que mis propios fantasmas me llevaban de este mundo a otro, de donde hubiera deseado nunca más volver. Parte de mí había muerto.


No hay comentarios: