Las bocinas están sonando otra vez. ¿Qué habrá sido esta vez? Algún otro idiota que ha despotrincado contra nuestro nuevo rey. O quizás otro pobre amigo que ha visto una oportunidad de conseguir algo de alimento en lo ajeno. Si fuera el de antes, mi curiosidad me llevaría a asomarme por la ventana, arriesgando mi propia vida en estos días negros; pero la verdad es que ya no me importa, no está en mis intereses seguir viendo la nefasta realidad de estas tierras, el salvajismo puro que traspasó las barreras de mi querida/odiada Surgas y llegó al lugar en donde tenía puestas mis esperanzas de un lugar mejor. Qué iluso.
Oigo los gritos de algunos guardias corruptos que tratan a algunas personas de tal forma que no se distingue de una bestia. Los gritos desgarradores de las pobres víctimas del nuevo sistema les siguen, aunque ya sin el mismo efecto de antes. Dos semanas van desde la caída de Daylon, del quiebre irreversible de la paz, y diez días desde la irrupción al Instituto. Por suerte yo no estaba ahí, por suerte muchos ya no estábamos ahí, porque seguramente habríamos sido víctimas de las mismas crueldades cometidas a los desgraciados que aún no dejaban la Organización, que ahora en paz descansen.
Pero no me importa mucho, no me importa mucho ya, a estas alturas. Ni siquiera me importa mucho seguir aún con vida, gracias al asilo del señor Duncan. Sólo quiero irme, dejar esta tierra maldita, dejar de tener miedo por cualquier cosa que quiera hacer. Pero aunque sea esta tarde la última que viviré aquí, no voy a olvidar todo lo que pude aprender en este lugar. Recordaré con especial cariño al señor Mildred, que me acogió en su elitista Organización, como también recuerdo a su hermano, el señor Milton, que en paz descanse. No olvidaré a Kunza, que a pesar de todo fue el único que no me mintió ni me engañó. Tampoco al señor Duncan, que nos mantuvo en pie luego de que el señor Mildred dejara a su suerte a la Organización. De Aisac, sólo quiero que haya logrado su salvación, y Rika... ella da lo mismo.
Si pudiera darles un mensaje a toda esa gente que huye y se oculta del nuevo poder opresor, sería que no dejaran que Caerllion siguiera envenenando sus almas. Es hora de dejar esto atrás y comenzar una nueva vida, en tierras mejores y sin preocupaciones. Dyloen es obra del demonio, Dyloen es la cuna de la desgracia.
Adiós Caerllion, adiós Surgas, adiós Griven. Disfruten de su autodestrucción.
Oigo los gritos de algunos guardias corruptos que tratan a algunas personas de tal forma que no se distingue de una bestia. Los gritos desgarradores de las pobres víctimas del nuevo sistema les siguen, aunque ya sin el mismo efecto de antes. Dos semanas van desde la caída de Daylon, del quiebre irreversible de la paz, y diez días desde la irrupción al Instituto. Por suerte yo no estaba ahí, por suerte muchos ya no estábamos ahí, porque seguramente habríamos sido víctimas de las mismas crueldades cometidas a los desgraciados que aún no dejaban la Organización, que ahora en paz descansen.
Pero no me importa mucho, no me importa mucho ya, a estas alturas. Ni siquiera me importa mucho seguir aún con vida, gracias al asilo del señor Duncan. Sólo quiero irme, dejar esta tierra maldita, dejar de tener miedo por cualquier cosa que quiera hacer. Pero aunque sea esta tarde la última que viviré aquí, no voy a olvidar todo lo que pude aprender en este lugar. Recordaré con especial cariño al señor Mildred, que me acogió en su elitista Organización, como también recuerdo a su hermano, el señor Milton, que en paz descanse. No olvidaré a Kunza, que a pesar de todo fue el único que no me mintió ni me engañó. Tampoco al señor Duncan, que nos mantuvo en pie luego de que el señor Mildred dejara a su suerte a la Organización. De Aisac, sólo quiero que haya logrado su salvación, y Rika... ella da lo mismo.
Si pudiera darles un mensaje a toda esa gente que huye y se oculta del nuevo poder opresor, sería que no dejaran que Caerllion siguiera envenenando sus almas. Es hora de dejar esto atrás y comenzar una nueva vida, en tierras mejores y sin preocupaciones. Dyloen es obra del demonio, Dyloen es la cuna de la desgracia.
Adiós Caerllion, adiós Surgas, adiós Griven. Disfruten de su autodestrucción.
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