miércoles, 30 de septiembre de 2009

Fin de semana en Diomo: Relatos cruzados.

- ... y la bola de fuego impactó las cajas apiladas que estaba dispuesto a comprar. Mi primera reacción fue esconderme, y como pude me refugié tras una caja. Ví con mis propios ojos cómo los marineros iban cayendo uno a uno mientras el capitán parecía desconsolado al ver las cajas y su contenido destruidos. Estaba asustado, debo admitirlo. Jamás había sido testigo de la insensatez de Clyf Dubois, de cómo hacía daño por el gusto de hacer daño. Sabía que ningún marino le podría hacer frente, ni siquiera el capitán Hillgar, que unos minutos anteriores el contramaestre me había insinuado que era una leyenda viviente del archipiélago de Bolouff por sus habilidades en batalla. No tenía tiempo de pensar en él... todos mis sagrados segundos estaban destinados a rezar para que Clyf no me hallara luego de acabar con el resto.

Wazir mostraba real interés en el relato del Balthasar. Aunque por su naturaleza joven y entusiasta detestaba tantos rodeos en el relato, prefirió guardar silencio para evitar que el comerciante omitiera detalles que podrían ser útiles.

- Y supongo que fue la forma en que eliminó a ese capitán lo que te aterrorizó...

- Por el contrario. El capitán demostró que era un gran luchador y le hizo frente. Cuando llegó su turno de ser atacado, esquivó la bola de fuego casi sin moverse. Cuando quedó mirándole, al parecer furioso más por el ataque imprevisto a su mercancía que por las heridas de sus subordinados, Clyf le devolvió una mirada desafiante y atacó a su barco. Y ya puedes imaginar... bola de fuego, barco ligero, madera, telas, cuerdas... el barco desapareció en poco tiempo. Ahora que lo pienso, me parece un milagro que ese barco haya podido llegar a Diomo desde Surgas... sin duda ése capitán es un verdadero hombre de mar...

- Continúa tu relato...

- Ah sí... una vez que el barco fuera destruido, el capitán se enfureció y sacó un cuchillo para atacar Clyf. Se intercambiaron palabras y comenzó una pelea que al principio creí que terminaría pronto, pero el capitán manejó bien el encuentro y logró salir airoso del primer embiste de Clyf. Fue cuando sucedió lo inesperado...

Balthasar hizo una pausa, intentando ordenar sus ideas mientras los recuerdos de los hechos y de sus emociones llovían en su cabeza. Le dio tiempo suficiente a Wazir para empezar a especular sobre qué era aquello "inesperado". Cuando se sintió apto para, el comerciante continuó.

- No sé cómo lo habrá hecho, pero al capitán le bastó hacer dos movimientos para dejar a Clyf, uno de los hombres más peligrosos de Diomo, de espaldas y revolcándose del dolor. Ni siquiera lo tocó, fue algo así como magia, aunque me sorprendería que alguien como un capitán de un barcucho venciera en fuerza de hechizos al más poderoso hechicero de estas tierras.

Wazir se sorprendió al escuchar aquello. ¿Clyf vencido? ¿Gratis? No eran buenas noticias para su grupo. Las regalías por derrotar a los hermanos Dubois eran altísimas, incluso excesivas, y no podrían recibir nada si alguien más los había derrotado antes.

- ¡Ni siquiera cuando llegó Cid y potenció con sus artilugios a su hermano! Con uno de esos golpes mágicos le volvió a enviar al suelo. Al ver que Clyf estaba siendo derrotado sin dificultades mayores, me sentí un poco más tranquilo, pero aún con el miedo en el cuerpo. Creí que aquel momento era el propicio para escapar de ese maldito lugar.

- Y así lo hiciste, ¿verdad?

- Así quise... pero cuando estaba a medio segundo de ponerme de pie y correr por mi vida, una figura negra saltó por sobre mi cabeza y atacó por la espalda al capitán...



-- o --



- ...¡Ja ja! ¡Qué hombre más canalla! Atacarme por la espalda cuando estaba a punto de cobrar mis patatas.

Mu'in se había bajado de su caballo nuevamente y confundido se había acercado unos metros al sonriente capitán Hillgar que aún le ofrecía la patata ensartada. Cuando Mu'in le preguntó sobre lo que había ocurrido, el capitán había comenzado a hablar con un entusiasmo tal que hacía parecer como si se tratara de la mejor historia de todos los tiempos. Cuando llegó hasta tal punto en el relato, el mercenario no comprendía cómo el hecho de ser atacado traicioneramente por la espalda poniendo su vida en peligro podía causarle tanta gracia al capitán.

- Así que dices que otro individuo hizo su aparición aquí.

- Sí que sí. Ese hijo de puta sí que sabe atacar, ¡JA! Cualquier otro hubiera muerto instantáneamente con un ataque de esa naturaleza. Así me agradece el infeliz. ¡Ja ja!

- ¿Qué ocurrió después?

- Cuando el otro polluelo...

- Cid...

- Como sea que se llame... cuando se puso de pie luego de ver al que osó meterse conmigo, parecía de verdad enfadado. ¡JA! Sabía que con un brazo herido de esta manera sería un poco más complicado vencerle, y más aún con el hijo de puta traicionero estando cerca.

Mu'in seguía oyendo la historia del capitán, aunque los hechos que contaba parecían improbables. Él y sus leales habían sido llamados para eliminar a los hermanos Dubois justamente porque nadie había sido capaz de detenerlos con anterioridad, y resultaba extrañísimo que justo al momento de su llegada un hombre desconocido para el pueblo apareciera de la nada y empezara a contar su historia de cómo había derrotado a Clyf Dubois, el menor de los hermanos invencibles.

- El muy cabrón no me quitaba los ojos de encima mientras sonreía, hasta que se movió y tiró unas estrellitas de metal afiladas al polluelo en pie...

- Cid...

- ¡Que da lo mismo su nombre, carajo! En fin. Después de todo fue sumamente rápido, y un par de esas piezas metálicas se clavaron en la carne del polluelo antes de reaccionar y evadir las restantes...

- *sigh...*

- Pronto lanzó más de esas cosas, pero alguna de esas magias extrañas tuvo que hacer el polluelo, porque sólo puso sus palmas hacia el frente y todas las piezas metálicas rebotaron en el aire saliendo hacia distintas direcciones. Yo no entiendo mucho de esas cosas, ¿sabes? ¡Ja ja! Luego lanzó una bola de fuego, de esas mismas que te conté me tiró hace un rato, sólo que por alguna razón mucho más rápida. No sé lo que hizo el hijo de puta, pero sólo le dio un puñetazo a la bola y desapareció, disparando gases hacia todas partes. ¡JA! Aprovechó esos gases para desaparecer a la vista mía y del otro idiota. No sé cómo hacen esas cosas estas mierdas...

- ¿Y volvió a aparecer...?

- Espera, espera, deja que siga con la historia, ¿vale? El maguito primero se apresuró y corrió hacia el maguito segundo que había dejado durmiendo. Intentó animarlo con alguna de sus mañas por un rato, hasta que volvió a ponerse de pie. ¡Imagínate cuál fue mi sorpresa! Ya iba por el golpe definitivo, ése después del cual no se volvería a parar por su cuenta, cuando el tarado de las estrellitas apareció de no sé dónde frente a ellos y atacó igual como lo hizo a mí por la espalda. No sé si contaba con los ojos y los reflejos del otro maguito, pero una ráfaga de viento le impulsó varios metros hacia atrás. Así quedaron los tres: los dos maguitos juntos frente al desaparecido aparecido. ¡TODOS ELLOS IGNORÁNDOME! Fueron muy osados con eso, así que iba a darles su merecido, ¡a los tres! Pero los maguitos algo hicieron, no sé qué fue exactamente, pero me dio la sospecha de que ya no eran los mismos que antes...


-- o --


Balthasar había empezado a sudar frío cuando llegó a tal parte de su relato. Wazir parecía interesado en los matices que iba tomando la historia, y se había tranquilizado un poco al ver que Cid y Clyf seguían ambos vivos, esperando a ser derrotados por sus hombres.

- ...No estoy muy seguro de qué fue, creo que fue desde el momento en que se tomaron de las manos... El asunto es que de pronto el aire alrededor de ellos se enrareció y se empezó a llenarse de una especie de energía poderosa... soy incapaz de expresar el sentimiento que provocó en mí. Sólo sé que el miedo empezó a aumentar a cada segundo.

El mercenario comprendió que llegaba el momento del clímax de la historia. Se levantó y se puso de cuclillas más cerca de Balthasar, para oír mejor y no perder detalle de lo que venía.

- Fue cuando la pesadilla comenzó. Un remolino de agua y viento se formó alrededor de ellos, mientras en una rápida secuencia Clyf empezó a disparar hacia todas direcciones pequeñas piedras candentes aparecidas de la nada. Una de ellas golpeó en la caja en la que me escondía, y la atravesó como si nada, pasando a centímetros de mi cabeza. Otras cayeron sobre algunos marinos caídos, atravesando su carne y sus huesos, matándolos si aún estaban vivos. Otras fueron directo al capitán Hillgar, quien con agilidad insospechada las esquivó. Pero la mayoría tenía un sólo objetivo: el hombre de negro. ¡De cada cinco piedras que lanzaba, cuatro iban hacia él, y a una velocidad increíble! No sé cómo le hacía aquél hombre, pero lograba esquivarlas todas. Y en cada momento la intensidad, frecuencia y tamaño de las piedras aumentaba. Cada vez tenía más dificultades para esquivarlas, hasta que parecía que algunas irremediablemente le impactarían. Fue cuando tomó un pergamino y dijo algunas palabras. Cuando el trozo de papel se consumió, todas las piedras que iban hacia él se detuvieron y se apagaron dentro de una forma acuosa que empezaba a formarse frente a él.

- ¿Dices que ese hombre tenía en su poder un pergamino elemental?

Balthasar asintió. Tales pergaminos son una rareza tanto en estas tierras cuna de la magia como en el resto del mundo. Sólo unos pocos eruditos recelosos de entregar su conocimiento han logrado imbuir algunos de los más grandes poderes mágicos en objetos y pergaminos, y tal arte se mantiene aún oculto en muy pocas mentes. Hallar un objeto mágico o pergaminos que invoquen el poder de elementales es un lujo de varios cientos o miles de monedas de oro.

- Tendría unos cuatro o cinco metros de alto. Era como una gelatina gigante, sin forma, nunca había visto algo así. Sus movimientos eran rápidos e irregulares, y era capaz de anular cualquier ataque de calor o fuego. Así pude ver cuando en una rápida sucesión le fue lanzado bolas de fuego, llamaradas gigantes, torbellinos ardientes y varias otras magias, pero todos esos ataques terminaban siendo apagados por el cuerpo gelatinoso del elemental, que iba avanzando hacia los hermanos Dubois veloz y decidido. Luego siguieron bombas de agua, ráfagas de viento cortantes como el acero, lanzas de hielo enormes, grandes trozos de roca afilada, pero a pesar de que algunos de esos ataques golpeaban, cortaban y perforaban al elemental, pronto recobraba su forma y continuaba inmutable. Una vez a su lado, una parte de la gelatina se alargó rápidamente poniéndose dura como roca, y golpeando a los hermanos, los que volaron varios metros. Pero cayeron de pie, sonriendo. Uno de ellos, Clyf, levantó su brazo libre y empezó a hacer círculos con él, mientras que Cid cerró los ojos y puso su mano libre en el hombre de su hermano. El aire alrededor de ellos empezó a arremolinarse, mientras el elemental empezaba a moverse otra vez hacia ellos a gran velocidad. Cuando el aire tomó gran velocidad, Clyf movió su brazo hacia el elemental, y el aire arremolinado salió disparado hacia la masa gelatinosa. Cuando entró en contacto, desapareció en un instante, y un segundo después el elemental gelatinoso empezó a cristalizar, hasta quedar tan sólido como la peidra. Cid, que mantenía los ojos cerrados, los abrió de golpe y apuntó con el índice de la mano que tenía en el hombro de su hermano, y un haz de luz penetró a la criatura. Segundos más tarde, estalló en mil pedazos como una copa de cristal cayendo al suelo.

Increíble. Si lo que contaba el comerciante era verdad, los hermanos Dubois tenían el poder combinado para vencer a un elemental en tan sólo un par de movimientos. Ya empezaba a comprender la dificultad de derrotarles, y empezaba a encontrar la recompensa, de justa hasta demasiado pobre.

- Pero el hombre de negro también se había movido, y en el instante en que el elemental estalló, ya estaba tras los hermanos, con una cuchilla en cada mano, en dirección a sus cuellos. Sin embargo, Clyf y Cid demostraron por qué son los hermanos invencibles, y antes de que el hombre de negro cumpliera con su objetivo, ambos le apuntaron con sus manos extendidas (no sé cómo se habrán percatado de su presencia a sus espaldas) y una gigante explosión mandó a volar al individuo. Se estrelló contra una tienda del mercado, que quedó completamente destruida. Fue de lo último que fui consciente cuando el pánico se apoderó de mí. Abandoné mi escondite y empecé a correr. Sólo pude ver el rostro de Clyf notando mi presencia y apuntando su mano hacia mi persona...


-- o --


- ¡JA! Lo que había visto hasta ese momento ya había pagado con creces el valor de mis patatas. Jamás en mi vida había visto una cosa como esa masa gelatinosa ni había visto tanto poder en un par de maguitos. Pero ese debilucho tenía que salir de su escondite en ese preciso instante como pidiendo que le quitaran la vida. En fin, al menos ese Balthasar es un hombre honrado que no le gusta meterse en líos, y no por una estupidez iba a dejar que terminara muerto. ¿Sabes? Es el único de este puerto con quien puedo comerciar sin sentirme estafado, ¡JA! Cuando el maguito le vio, reaccioné con súper reflejos y logré correr hacia él y tirarlo al piso antes de que fuera ensartado por una lanza de hielo. Hubiera quedado como esta patata, ¿comprendes? XD

- ¿Balthasar ha dicho?

- Seh, Balthasar. Un hombrecillo pequeño, algo despistado, bien feo, pero eso sí, honrado...

Mu'in recordó al comerciante que vio corriendo por la avenida principal hacia las puertas del pueblo. Había dicho que su nombre era Balthasar. Los hechos empezaban a cobrar más sentido.

-...en fin, cuando volvió a verme, sí que estaba enojado. Empezó a lanzar sus trucos mágicos y yo sólo podía esquivar apenas y evitar que el debilucho de Balthasar resultara herido. No lo pensé en ese momento (no tuve el tiempo para hacerlo), pero ¡estaba arriesgando mi vida para proteger a otro! Toda una proeza, ¿no crees? XD Cuando creí que ya debería estar cansado de tanto machacarnos, el otro mago algo conjuró, porque de un momento a otro no pude moverme más. Una roca me golpeó la cabeza, la vista se me nubló, y no pude ver bien lo que sucedió después. Al menos entre tanto lío, parece que Balthasar logró escabullirse y dejar este campo de batalla.

Hillgar se llevó la mano derecha a la cabeza, sobándosela. Recordar que había recibido un golpe en la cabeza al parecer había traído consigo el regreso del dolor.

- Y después un "BOOM!", unos cuántos sonidos de acero cortando el aire, más "BOOM!", un grito y finalmente otro "BOOM!" seguido de un estruendo a mi lado. Seeh, mi cabeza daba vueltas y no podía distinguir nada. Cuando los ruidos cesaron, sólo pude ver al gran hijo de puta malherido junto a mí, mirando el horizonte. Su máscara estaba hecha pedazos y pude ver tras ella un ojo hinchado y morado. Su ropa estaba hecha harapos y tenía varias heridas en todo el cuerpo. Alrededor, ni un rastro de los maguitos. Habían desaparecido de la escena...



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