martes, 25 de agosto de 2009

Fin de semana en Diomo: Batalla en el muelle.

El sol comenzaba a asomarse a estribor. Según lo que había oído del capitán la noche anterior, quedaban sólo algunas horas para que el destartalado barco llegara a Diomo. Pronto podría satisfacer su necesidad de revancha, de cumplir su promesa que con la muerte del sucio Eudes Dubois había quedado inconclusa. Pero si no podía cumplirla con Eudes, aún podría cumplirla con alguno de sus hermanos, o ambos. Además, hay mucha gente interesada en ver a esos dos idiotas muertos, además de él. Sus kodachis estaban preparadas para cortar los cuellos de esos dos miembros de la familia Dubois, que había tenido los cojones de meterse con él. Con los primeros rayos del sol, se pudo ver su figura oculta entre algunas cajas de patatas. Ropajes negros, cuerpo delgado y atlético, y la máscara distintiva de uno de los grandes asesinos de Dyloen: Phill Kidnam.

Ya tocaría puerto. Ya llegaría el momento.


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El hombre, arrancando despavorido de al parecer un peligro mayor, no se vio ni ligeramente amedrentado por el gran tamaño ni por las cimitarras de Mu'in Kassab, líder de la Legión del Desierto. Llegó a su lado casi sin aliento e imploró por ayuda.

- ¡Por favor, sacadme de aquí! ¡Este pueblo está perdido! ¡No hay esperanza!

- Cálmate, hombre. ¿Quién eres? ¿Qué es lo que sucede?

- Mi nombre es Balthasar, soy un humilde hombre de negocios que creía ver una posibilidad de éxito en esta tierra, ¡pero ahora comprendo que esto es el infierno! Por favor, dejadme pasar hacia mi libertad y salvación, se los imploro... *cough*

- He dicho que te calmes. ¿Qué está sucediendo en la plaza?

- No es en la plaza, es en el muelle. ¡Es una lucha de demonios! Con tanto poder como para llevar a Diomo a la destrucción en cuestión de un instante! Por favor...

Mu'in comprendió que no podría obtener nada de aquél hombre en su actual estado. Dejó de atender sus súplicas y habló a uno de sus hombres.

- Wazir. Lleva a este hombre a un refugio. No dejes que se pierda de vista. Hablaré con él más tarde. Los demás, síganme hacia el muelle. Descubriremos con nuestros propios ojos qué es exactamente lo que los demonios Cid y Clyf están haciendo en ese lugar.

- Como ordene.

Wazir tomó al comerciante Balthasar y lo guió hacia la entrada, junto a algunos guardias, lugar en donde estarían relativamente seguros. Mu'in y sus demás jinetes continuaron su camino hacia el muelle, sin sospechar lo que encontrarían una vez que llegaran ahí.


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Clyf estaba furioso, tanto como hace mucho no lo estaba. El golpe recibido había impactado algo más que su estómago, había impactado su orgullo y su arrogancia. Sabía que la única opción para aplacar en parte la humillación recién recibida era arrancar brutalmente la vida del cuerpo de aquél insolente capitán. En contraste, el capitán Dan Hillgar parecía haber adquirido la tranquilidad al ver que sus habilidades aún estaban intactas. Alguien se había metido con su tripulación, con su barco... ¡con sus preciadas patatas! No podía permitirlo, y le calmaba saber que aún tenía la capacidad de defender lo suyo.

Un poco alejado del muelle, Cid estaba atónito tras presenciar el golpe invisible que su hermano había recibido. Ninguno de los dos había sido golpeado desde la antigua batalla contra las autoridades cuando recién habían llegado a Diomo. En ese entonces el general Alois Eichel de Uknean intentó detenerlos en una dura batalla, en donde a pesar de resultar gravemente heridos, lograron juntos vencer al hombre más poderoso del ejército local. Ahora veía a su hermano con dificultades para ponerse de pie luego de recibir un solo golpe que ni siquiera fue capaz de ver. No había llegado a comprender qué clase de magia podía hacer aquello.

Hillgar tras hacer tronar los dedos de sus manos y liberar tensiones en su cuello, habló fuerte a Clyf, con evidente confianza.

- Ahora verás lo que significa meterse con mis patatas... ¡HAAAH!

El capitán estiró su puño en un movimiento rápido de la misma forma que antes. Cid, a la distancia extendió sus brazos hacia adelante intentando detener el golpe con su arsenal de hechizos anti-magia, pero fue inútil. Esta vez el rostro de Clyf se deformó tal como si hubiese recibido un golpe directo. Su labio se hizo añicos y cayó nuevamente unos metros más atrás. De espaldas en el suelo de piedra, con ambas manos cubriéndose la boca sangrante, Clyf emitía gemidos de dolor mientras pataleaba en su lugar. Cid nuevamente se vio presa del desconcierto. ¿Qué clase de poder estaba utilizando ese viejo capitán?

Corrió a socorrer a su hermano. Se hincó frente a él mientras que Hillgar se preguntaba quién era ese muchacho que acababa de entrometerse en su lucha. Clyf abrió un ojo y observó a su hermano mayor frente a él. Su mirada llena de ira e impotencia le suplicó por ayuda para poder sanar su orgullo herido. Cid así lo entendió y empezó a conjurar los hechizos de potenciación que aumentaba en varias veces las capacidades mágicas de Clyf. Dio unos pasos atrás para que su hermano se pudiera reponer, y cuando éste estuvo de pie, el aura que emitía era completamente distinta. Aumentar Fuerza, Aumentar Vitalidad, Aumentar Velocidad, Aumentar Poder Mental. Vigorizar, Dominio Mental, Fuerza de Ira. Había convertido a Cid en una máquina de matar.

Hillgar supo que algo no andaba bien cuando vio a Clyf pararse con suma facilidad. Sus golpes no habían sido livianos, pero parecía no verse afectado ya por ellos. Su mirada había cambiado, había recuperado la confianza que parecía haber perdido luego del primer golpe. Sólo le bastó un breve pestañeo para darse cuenta que Clyf había empezado a correr hacia él y ya casi se hallaba a su lado. Se preparó para lanzar otro de sus golpes invisibles, pero antes de poder extender su brazo, un golpe frío como el hielo y de una fuerza brutal le impactó y le derribó de inmediato. Cuando se puso de pie no pudo divisar al hechicero. Su instinto le alertó y miró hacia arriba, sólo para ver a Clyf equipado con una lanza de hielo que iba directo a incrustarse en su cráneo si no se hubiera movido evitando el ataque. La lanza se hizo pedazos contra el suelo.

Contraatacando, el capitán pisó fuerte y lanzó uno de sus golpes invisibles, pero con los reflejos que no tenía antes, Clyf logró formar un escudo de hielo que se hizo pedazos con la intensidad del golpe. Su mano derecha apuntaba hacia el capitán lanzando una bola de fuego que el viejo recibió en sus brazos, al proteger su cara y su torso con ellos. Hillgar miró con cautela a Clyf quien volvía a reír. Su enemigo había recibido una ventaja enorme y era ahora un rival realmente peligroso. Tendría que buscar otra forma de derrotarlo.

- ¿No te creías gran cosa, naranjito? ¿Qué me dices ahora? ¡Ja ja ja!

El capitán miró de reojo al otro individuo que había aparecido, Cid. Algo había hecho para aumentar los poderes del muchacho, y si había logrado tanto, significaba que él también debía ser un rival poderoso. Ya se encargaría de él también. Concentró su mirada en Clyf, quien ya empezaba a conjurar un nuevo hechizo. Quieto. Perfecto.

Clyf había recuperado completamente su confianza al igual que sus deseos de destripar vivo a aquel hombre frente a él. Preparaba un hechizo tan poderoso que haría de él un montón de carne sin vida unida a unos huesos pulverizados. Su último hechizo que había sido incapaz de probar hasta ahora. No habría tenido la oportunidad hasta ahora. Vio mientras preparaba el hechizo que el capitán levantaba su pierna derecha lentamente, manteniéndola paralela a la que aún tenía en tierra, a la vez que levantaba sus manos entrelazadas por sobre su cabeza. «¿Qué está haciendo ese idiota?» se preguntó, sin buscarle una respuesta. Y sin prestarle mayor atención, continuó murmurando aquel hechizo nuevo, hasta que en un instante, el capitán llevó su pie derecho al suelo con gran velocidad y fuerza, golpeando estrepitosamente el piso y gritando con fuerza desmesurada. Luego de eso, todo se volvió negro, silencioso.

Cid no podía creer lo que habían visto sus ojos. Creía que con las potenciaciones su hermano podría fácilmente dar vuelta la contienda, y hasta hace unos instantes así lo parecía. Pero en un solo segundo, en un solo movimiento, el capitán había vuelto a cambiar la situación. El estallido de su bota golpeando la piedra, el grito lleno de energía, y la mandíbula de su hermano fuertemente castigada por una fuerza increíblemente grande surgida al parecer desde algún sitio bajo él. El impacto fue suficiente para elevar a Clyf varios metros por los aires, para caer como costal y no moverse ni un centímetro más. Había perdido la conciencia, si no la vida. Cid jamás había presenciado tal fuerza en ningún ser viviente, y por primera vez en su vida sintió el temor de la derrota.

Hillgar al comprobar que su rival no se recuperaba, miró de reojo a Cid, mientras distendía los músculos del cuello. A pesar de haber obtenido una victoria impecable, no había sonrisa en su rostro. Después de todo, había perdido sus patatas.

- ¡Hey, tú! No sé qué hiciste hace un momento, pero veo que estás con el mocoso. El insolente arruinó mi mercancía, y alguien tendrá que responder por ell... ¡EPA!

El capitán logró por unos centímetros evadir el ataque de una primera kodachi, y una segunda se deslizó suavemente por la carne de su hombro izquierdo. Apuró un contraataque al agresor desconocido, intentando un golpe con su puño derecho, que sólo movió aire. El agresor ya estaba varios metros alejado.





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