viernes, 15 de mayo de 2009

Ruptura.

Odari Rieelan:
Me disculpará usted, su Majestad, pero vuestros mandatos están siendo injustos. Nuestro pueblo nos está necesitando y es por eso que rogamos por vuestra comprensión y permiso para acudir en su ayuda.

Rey Daylon Ambrós:
¿Pero de qué me habláis? Estáis halando de aquéllos que manifestaron con todas sus fuerzas su desaprobación a la fundación de Caerllion, se han opuesto constantemente a la labor de la Alianza y les ha maldecido a vos y a cada uno de los vuestros que ha decidido abandonar sus hogares para fortalecer la unidad.

Odari:
Puede que tengáis algo de razón, su Majestad, pero aún así son nuestros hermanos.

Daylon:
Y precisamente porque sé qué tan distintos pueden llegar a ser los hermanos entre ellos que digo lo que habéis oído. Las ansias de poder y control corrompen con tanta rapidez y eficacia como la Niebla Púrpura, y por ver su propia cultura opacada por la grandeza de Caerllion es que vuestros sabios conservadores han decidido boicotearla en cada oportunidad que se ha presentado.

Odari:
Su alteza, pecáis de soberbio...

Daylon:
Dios es testigo de que lo que os cuento es sólo la verdad. El futuro que desean vuestros sabios para nuestra Alianza no es distinto al que busca Feliad con cada una de sus acciones.

Odari:
Por favor, no comparéis la espiritualidad de nuestra gente con el orgullo enfermizo de vuestro hermanastro.

Daylon:
Gracias a Dios no formáis parte del mismo tipo de espíritu atormentado en el que ha caído preso Feliad, pero aún así nuestra Caerllion es el enemigo común que comparten tanto Aleith como los rebeldes de mi hermano y las tribus occidentales de Surgas. No me sorprendería que estas traiciones fueran planeadas o consentidas por todas las partes, y que los devastadores incendios sobre sus verdes bosques sean un castigo divino por obrar contra el bien común de esta tierra herida. Que paguen por sus pecados y que sea Dios quien salve a los que merecen ser salvados.

Odari:
Me encogen el corazón vuestras palabras, Rey Daylon. Cuando nosotros elfos decidimos aceptar vuestra oferta de ser parte de la Alianza, fue porque creímos que aceptaría a nuestro pueblo y las diferencias que pudieran existir con el suyo. Pero hasta el día de hoy nos hemos visto discriminados de formas que jamás podríamos haber imaginado cuando llegamos hasta aquí. Veo con descepción que para vos mi gente no ha dejado de ser más que pecadores y renegados.

Daylon:
Mi reinado siempre protegerá a quienes protegen los ideales de esta alianza, y eso os incluye a vos y a tu gente. El pueblo elfo de Dyloen a mis ojos hace años que se encuentra dividido en quienes están con Caerllion y quienes no. Los segundos, son un pueblo diferente, extranjero.

Odari:
Nuestro pueblo siempre será uno solo. Las diferencias que su Majestad aprecia no son suficientes para hablar de tal división imaginaria. No es más que una manera distinta de pensar, y no por eso desistiremos del Juramento Ancestral.

Daylon:
*Sigh*... escuchad bien, Lady: los traidores han mostrado gran astucia y se han mezclado incluso entre mis más grandes colaboradores. Como podéis imaginar, los últimos hechos que han acontecido en Palacio han creado en mi persona una desconfianza tal que dudo de la lealtad de cada uno de vosotros, a mi gran pesar; desconfianza que podéis menguar si acatáis mis órdenes y permanecís en Palacio hasta que todos mis generales estén presentes y podamos en conjunto dar los siguientes pasos.

Odari:
Lo siento, Rey Daylon. El futuro de mi gente está primero...

Daylon:
¡El futuro de Caerllion está primero, maldición!

Odari:
Me duele profundamente que antepongáis vuestra consciente y declarada paranoia a las razones que os he dado para deber partir. Con vuestro permiso, me retiro para ayudar a mi pueblo en estos momentos críticos. O sin él, si así lo preferís.

Daylon:
¡Odari Rieelan, os he dado una orden directa! Si abandonáis esta sala en este instante, puedo considerarlo una insubordinación y tendré todo el derecho de reteneros a la fuerza. No me obliguéis a llegar a tal extremo.

Odari:
Haced lo que debáis, Rey Daylon. Los elfos no estamos aquí en Caerllion por la caridad de vosotros humanos, y no hay vínculo que nos obligue a permanecer aquí si nuestro pueblo nos necesita.

Daylon:
... así lo habéis deseado... ¡Guardias, apresad a la insubordinada!


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