- T... te lo digo porque confío en ti -me dijo en voz baja, con un tono a pesar de todo preocupado-, y confío en que guardarás mi mayor secreto. E... eres un amigo de verdad, de los que jamás soñé siquiera tener.
No sabía cómo actuar. Sé que Rensic ha conocido otro tipo de vida, distinto al que pudiéramos muchos de nosotros haber vivido en nuestra tierra. Sé además que es una persona buena, de las pocas que están quedando en este mundo. Por eso me duele, me duele pensar que debo enfrentar el apego a mi corazón con mi lealtad hacia su persona.
- P... pero ella no debe enterarse, nunca...
- ¿Y por qué no? ¿Acaso no pretendes que sea ella alguien más que una amiga?
Intentaba resultar natural, despreocupado, como solía ser. Sabía su respuesta antes de que me la diera.
- N... no... ella no nació para alguien como yo... Además, ¿qué podría ofrecerle?
Su inseguridad era asfixiante. Creo que no conozco a persona con menos autoestima que él. Quería animarle, pero cualquier frase que dijiera en esos momentos no podía ser sincera.
- S... sólo espero que encuentre la felicidad... -me dijo con voz melancólica.
Eso era más de lo que cualquiera podría ofrecerle, pero no se daba cuenta. Seguía en su postura pesimista, trágica y perdida. ¡Rayos! ¡Qué rabia no poder darle un empujoncito en esta situación! Soy yo el que no soy digno de su confianza... no debería seguir aquí.
- Me tengo que ir, recordé que tenía un compromiso con Kunza. ¡Nos vemos más tarde!
Me despedí levantando la mano y dí media vuelta antes de cualquier respuesta de Rensic. No podía mirarle a los ojos, no podía escucharle una palabra más. Ya había tomado mi decisión inconscientemente, y seguramente sería la última vez que me dirigiría la palabra. Seguramente perdería una buena amistad.
No sabía cómo actuar. Sé que Rensic ha conocido otro tipo de vida, distinto al que pudiéramos muchos de nosotros haber vivido en nuestra tierra. Sé además que es una persona buena, de las pocas que están quedando en este mundo. Por eso me duele, me duele pensar que debo enfrentar el apego a mi corazón con mi lealtad hacia su persona.
- P... pero ella no debe enterarse, nunca...
- ¿Y por qué no? ¿Acaso no pretendes que sea ella alguien más que una amiga?
Intentaba resultar natural, despreocupado, como solía ser. Sabía su respuesta antes de que me la diera.
- N... no... ella no nació para alguien como yo... Además, ¿qué podría ofrecerle?
Su inseguridad era asfixiante. Creo que no conozco a persona con menos autoestima que él. Quería animarle, pero cualquier frase que dijiera en esos momentos no podía ser sincera.
- S... sólo espero que encuentre la felicidad... -me dijo con voz melancólica.
Eso era más de lo que cualquiera podría ofrecerle, pero no se daba cuenta. Seguía en su postura pesimista, trágica y perdida. ¡Rayos! ¡Qué rabia no poder darle un empujoncito en esta situación! Soy yo el que no soy digno de su confianza... no debería seguir aquí.
- Me tengo que ir, recordé que tenía un compromiso con Kunza. ¡Nos vemos más tarde!
Me despedí levantando la mano y dí media vuelta antes de cualquier respuesta de Rensic. No podía mirarle a los ojos, no podía escucharle una palabra más. Ya había tomado mi decisión inconscientemente, y seguramente sería la última vez que me dirigiría la palabra. Seguramente perdería una buena amistad.
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