Fecha: 2087.2.4 (según el antiguo calendario de Dyloen)
Lugar: Brekarth.
Era de mañana en la ciudad. Habían pasado unos pocos días desde el último grito de celebración tras la victoria sobre los caballeros de Brekarth. Era tiempo de poner orden y decidir qué hacer desde aquel día. Ya en ese entonces Madul y sus secuaces ya habían desaparecido de la ciudad sin dejar rastro alguno tras ellos. Con los magos restantes malheridos, un ejército agotado y dividido tras la muerte del rey Swor en dos bandos, uno siguiendo al príncipe heredero al trono de Radeas, Daylon Ambrós, y el otro a su hermanastro, hijo legítimo del rey muerto, Feliad Duvet, aún no había tiempo para descansar.
Alia Vizencio, huérfana desde los cinco años, cuando su hogar fue destruido y sus padres asesinados por acción de Madul y sus seguidores en Astadia, y quien había sido rescatada y luego adoptada por Dunel Vizencio, ahora yacía entre algunas paredes caídas, frustrada al no cumplir aún con su venganza. Pero entre los humos arrojados por los maderos a medio consumir de alguna construcción demolida, percibió a un hombre con ropajes de color rojo vivo algo sucios pero no por ello menos llamativos, sentado a un lado, observando lo que quedaba de la ciudad. Sus rasgos eran inconfundibles: cabello blanco y escaso, con su cara llena de marcas de quemaduras, en la que dos ojos grises se asoman despreocupados, mientras que sus labios se juntan para silbar alguna macabra melodía. En sus manos, innumerables anillos de distintos colores y formas adornaban cada uno de sus largos dedos, mientras sostenían un pequeño báculo terminado en la figura de algún animal, que movía al ritmo de su melodía. Era Sgar Kahnee, uno de los agentes de Madul.
Al notarlo, Alia se le acercó amenazantemente. Sgarr, al sentirla cerca, dejó de silbar y le arrojó una mirada, luego de lo cual levantó la mano en señal de saludo.
- ¡Tú eres Sgarr Kahnee, uno de los seguidores de Madul! -grita Alia. Sgarr mira en todas direcciones, sin mayor interés en lo que le dicen.
- ¡Responde! ¡Tú eres Sgarr Kahnee, uno de los seguidores de Madul!
- Qué, ¿es pregunta o afirmación? Ah, ¿y crees que no lo sabía? -responde Sgarr algo sarcástico -. En realidad me da igual, así que vete pollita.
- ¿Ah? ¿Quién te crees? Y de esa forma... ¡Luego de todos los crímenes que has cometido! -pero Sgarr no le escuchaba, reinició su silbido mientras observaba el horizonte -. ¡Ya verás, cretino!
Extrayendo un cuchillo de su cinturón, Alia comenzó a avanzar para atacar a Sgarr, pero éste reaccionando al instante tomó firmemente su báculo y atacó los pie de la hechicera apenas estuvo al alcance, haciéndole perder el equilibro y caer al piso, haciéndole además soltar el cuchillo en la caída, el que vino a caer en las manos de Sgarr.
- Hmm... bonito cuchillo. ¿Cuánto te costó? -dijo Sgarr mientras lo examinaba.
- Ya verás, infeliz -decía Alia mientras se ponía de pie. Luego comenzó a murmurar unas palabras que Sgarr reconoció con facilidad, y no pudo evitar reírse a carcajadas. Mientras lo hacía, nada más ocurrió de parte de Alia, que quedó a la espera de que algo efectivamente ocurriese.
- Niña tonta, ¡jajaja! -decía Sgarr mientras se acercaba a la hechicera y le golpeaba en la cabeza con su báculo, con la delicadeza característica de un mago rojo -. Mi jefecito dejó la grande, ¿no te diste cuenta antes? Tu magia, y lo que es peor, la mía, ya no sirven en esta tierra. Te ha dejado indefensa, qué pena, aunque pensándolo bien... -Sgarr de pronto tomó una postura reflexiva. Unos segundos después, como si hubiera concluido una larga línea del pensamiento, agrega -creo que mi Jefecito te ha salvado la vida.
- ¿De qué diablos hablas? -preguntó Alia desde el suelo, sobándose aún la cabeza. El "golpecito" de Sgarr le había enviado nuevamente al suelo -. ¡Ese desgraciado me ha ARRUINADO la vida! Y no voy a descansar hasta vengarme de él, de Zeltoss y sobre todo del traidor de Amarath.
- ¡Tsk tsk! No, no.. deja de perseguir al jefe o terminarás muerta. Además, ahora te ha salvado la vida, en serio. Si aún hubiera magia... guardó silencio un segundo mientras pensaba un momento más, como si quisiera recordar todo lo que antes había pensado. Luego, tomando una clásica postura de sarcasmo burlón, agregó: -si aún hubiera magia ya serías una pollita bieeen asada.
- ¡Pero quién te crees, idiota! - Alia se puso de pie de inmediato mientras le gritaba a Sgarr. Estaba a punto de tirarse a puños contra el hechicero (y como estaba de furiosa, quizás le ganaba).
- Calma, calma -le decía Sgarr, con una inusual sonrisa inocente. No queremos armar un alboroto aquí, ¿cierto? Además, hay un par de cositas que quizás te gustaría saber.
- ¡No quiero saber nada que venga de tu lengua de víbora asquerosa!
- Ah, claro, entonces sigue siendo la conejita de indias de Matt, como te gusta ser la niña boba de todo el mundo... pero supongo que eso no me influye -Sgarr había comenzado a caminar en sentido contrario con paso relajado. Alia había tomado silencio un momento.
- Eres un imbécil, no caeré en tu juego -agregó Alia, más que para Sgarr, para convencerse a ella misma.
- Claro... -un nuevo silencio, más prolongado que el anterior.
- Además, si he de creerle a alguien, jamás sería a ti...
- Claro... -Sgarr ya estaba a varios metros de distancia. Luego de un momento, Alia da un paso hacia adelante.
- Espera... qué tienes que decir...
Sgarr, quien a sus espaldas tenía a Alia, se sonrió. «la pollita ha caído». Cambió inmediatamente la expresión de su rostro y se dio media vuelta, en donde Alia vio a un Sgarr con una expresión que auguraba malas noticias. Sgarr se acercó a ella y empezó a hablar.
- La verdad es que lo que tengo que contarte no es muy agradable. Sé que no te agrado, pero tú sabes que no tengo nada que ver con lo que mi jef... eh, Madul hiciera hace doce años. Sobre Matt, hay muchas cosas que no sabes de él...
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Minutos más tarde, Matt por fin encontraba a Alia. Le sorprendió mucho ver a lo lejos que se hallaba en compañía de quien reconoció de inmediato como Sgarr, y se apresuró al encuentro.
- Al fin te encuentro, Alia. ¿Qué haces con este hombre?
Sgarr y Alia vieron a Matt llegar. Ninguno de los dos parecía contento con el arribo del joven hechicero. Éste intentó tomar a Alia de la mano, pero ella al notar aquellas intenciones, quitó su mano de su alcance y retrocedió un par de pasos, mirando fijamente a Matt, con ojos húmedos, reflejando decepción y dolor. Sgarr dio unos pasos atrás también, alejándose de la pareja.
- ¿Pero qué pasa, Alia? -preguntó Matt, pero ella no respondía; seguía retrocediendo paso por paso, alejándose de Matt, quien le seguía intentando acercarse. Pronto recordó a Sgarr y se volteó para interrogarle, pero el mago rojo ya no estaba cerca, ni se veía en los alrededores, había desaparecido del lugar. Sin buscarlo por mayor tiempo, se volvió nuevamente hacia Alia, quien aún le miraba desde cierta distancia.
- Cómo pudiste... -dijo por fin. - Cómo tú... no lo puedo creer...
- No sé de qué hablas, no sé qué te ha contado Sgarr, pero de seguro no es verdad... -Matt intentó acercarse, pero se vio rechazado otra vez.
- ¡No te me acerques! Todo encaja ahora, Sgarr me ha dado la pieza que me faltaba del rompecabezas. Sí, ahora veo por qué me has tratado tan bien desde que nos conocimos. Aunque no entiendo aún por qué lo hiciste.
- Pero... ¿pero de qué hablas? ¿Qué hice?
- No vuelvas a dirigirme la palabra, Matt Jarlians. Y no te vuelvas a cruzar por mi camino, que no pensaré dos veces el sacarte de él por la fuerza.
Luego de las últimas palabras, Alia comenzó a correr en dirección opuesta a donde se hallaba Matt, quien se queda un rato escudriñando en sus recuerdos, intentanto hallar la respuesta a la pregunta de "Qué hice?". Muy pronto su corazón le mostró su desesperación, y la mente se le nubló. La ansiedad y miedo se apoderaron de él, y empezó a correr tras su joven compañera.
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Caminando rumbo a Qweldor, Sgarr, con paso errante, su báculo tras su cabeza y ambas manos apoyadas en él, inició su reflexión sobre su situación actual y su futuro.
- Veamos: Mi jefecito ya no me necesita, eso me deja sin muchas cosas qué hacer, además... -cierta parte de su conciencia reprimió en ese instante parte de su pensamiento, como si quisiera protegerlo de cualquier peligro respecto a lo que estaba a punto de pensar. Un momento con la mente en blanco, y luego prosiguió como si hubiera olvidado lo que estaba pensando antes. -... y bueno, ya me encargué de esos dos intentos de magos rojos, jajaja, seeh, uno de ellos muerto y el otro frustrado, esa pollita me vino a servir de maravillas, jeje.. en fin, creo que ya no tengo nada más que hacer en esta tierra. ¡Me largo de acá!
Las montañas de Qweldor mostraban un espectáculo maravilloso de luces y sombras, con el sol radiante en el norte. Sin un destino real en mente, Sgarr continuó por inercia el camino que le llevaría hacia un nuevo destino.
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