martes, 12 de febrero de 2008

Los Misterios de Brekarth.


Fecha: 5-6-13 (Según el nuevo calendario de Dyloen, desde el año 2088 del antiguo calendario)
Lugar: Palacio de Caerllion.


La publicación recorrió toda la ciudad, creando conmoción. Pronto las puertas de palacio estuvieron atiborradas de curiosos que clamaban al rey Daylon Ambrós I la entrada al Salón de Piedra, y que accediera a la examinación minuciosa de las mismas para corroborar o no lo que todos temen. Pero las puertas siguieron cerradas, y los guardias, en gran número, espantaban a quienes se volvían un poco violentos. Dentro, Duncan Olliffe, un estudioso hombre de unos 27 años de edad, de tez morena y ojos negros intensos, porviniente de las altas tierras de Maheda y residente de la Organización Schellden desde hace 3 años, había estado explicando al rey sobre el contenido de su ensayo. El título era escalofriante: "Los misterios de Brekarth".

Extrañamente desinteresado, el rey miraba distraído por la ventana mientras relataba sus historias. Con el ensayo en la mano, lo veía sin leerlo, procurando de vez en cuando abanicarse con sus hojas. Pasado un momento, el rey interrumpió el relato cuando Duncan aún no terminaba.

- Es un hecho que ocurrió hace ya cinco años. No le hacéis ningún bien al reino en despertar viejas heridas. Dejad el pasado en el pasado y no perdáis más el tiempo en historias que ya están zanjadas.

Definitivamente, el rey parecía estar inmerso en otro mundo. Su mirada cambiaba de dirección en cada instante, en ningún momento hacia quien dirigía sus palabras. Pero Duncan insistía en su punto, como si esperase una reacción a tiempo de su señor.

- Pero mi rey, conocer y comprender el pasado es importante para estar preparados para el futuro. Le suplico que acceda a que la Organización Schellden estudie las estatuas.

- Creo que mis palabras fueron claras. Cuando tenga tiempo leeré vuestros textos y veré qué puedo hacer al respecto. Ahora hay asuntos más importantes que debo atender. Si me disculpáis, vuestro tiempo de audiencia ha expirado. -Y dirigiéndose a sus guardias- Guardias, acompañad al sr. Olliffe a la salida. Y quiero a los curiosos lejos de palacio.

-¡Sí, mi rey!

Los guardias se acercaron al científico y le hicieron el gesto de que les acompañase. Duncan los miró y luego lanzó una última mirada al rey, quien jamás siquiera le miró a la cara y ahora mantenía la mirada perdida mientras apoyaba su mentón en una de sus manos. Supo de inmediato que un intento más sería en vano. Dejó la sala del trono y escoltado por un guardia comenzó su camino a la salida. Cuando llegó a la entrada, fue dejado en el exterior junto a los curiosos. Unos segundos después, un contingente numeroso de guardias llegó a dispersar a la multitud.

-En nombre del rey, despejad el área alrededor de palacio y volved a vuestras tareas. Quien no cumpla con el mandato, pasará tres días en los calabozos y se le descontarán las ganancias de dos semanas.

Las palabras fueron claras. Al principio, un par de gritos de desaprobación, pero poco a poco, el tumulto fue desapareciendo y las personas comenzaron a volver a sus actividades. No hubo necesidad de emplear la fuerza. Duncan quedóse frente a las puertas de palacio, solitario. Uno de los guardias montados se le acercó y le propinó una mirada inquisidora. Duncan entendió que la orden lo incluía también. Un suspiro y comenzó su camino a la Organización. Si bien no consiguió nada por las palabras directas, al menos el pueblo conoce la publicación y el rey tiene una copia en su poder. Tarde o temprano seriá escuchado.

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Una vez que Duncan Olliffe había abandonado el salón, el rey Daylon Ambrós se puso de pie y con el manuscrito aún en sus manos se dirigió a sus aposentos. Los dejó en su escritorio frente a la ventana, y luego de unos segundos hipnotizado por el azul del cielo, se sienta en la cama, aún igual de distante. En su mente adolorida por el constante recuerdo, sólo una palabra se filtraba de sus silenciosos pensamientos y salían en voz apagada de sus labios.

- Asali...

Tocaron a la puerta. Si el rey escuchó o no, imposible de advertirlo, porque siguió sumido en sus pensamientos hasta un segundo llamado varios minutos después.

- Mi señor. Sir Rodas solicita una audiencia urgente.

El rey se pone de pie y camina hacia la ventana. Desde ahí podía ver el jardín de rosas, el bello laberinto de arbustos y el árbol en donde se selló la despedida. Pasó un momento antes que el guardia, quien llamara las dos veces anteriores, intentara una tercera vez, desde el otro lado de la puerta, ahora algo más preocupado.

- ¿Mi señor? ¿Se encuentra usted bien? Le suplico me responda.
- ¡Que espere! - Daylon reaccionó violentamente a la tercera interrupción. Su grito fue señal clara para el guardia, quien del otro lado tuvo un sentimiento de sorpresa y alivio.
- Sí, mi señor.

El guardia alejó sus pasos por el pasillo hacia la sala principal, mientras Daylon, algo irritiado y desconectado de sus pensamientos, caminó a paso firme hacia el escritorio, y vió el manuscrito de Duncan en él. Leyó las palabras que adornan más grandes y elegantes la primera página del documento, y recordó muchos de los detalles de aquella última batalla contra los Caballeros Negros hace cinco años atrás, en donde su padrastro fue muerto. Pensó con la claridad que no tuvo cuando Duncan estaba presente y se sentó en el escritorio. Así comenzó a leer el texto de Duncan Olliffe, cuyo título dice "Los Misterios de Brekarth".

Sin duda alguna Brekarth es uno de los enigmas que más me intrigan. ¿Quiénes son exactamente? ¿Cómo pudo ser que tan avanzada civilización se mantuviera oculta por tantos años? ¿Cuál es su naturaleza y a qué se debió exactamente su caída? Éstas son algunas de las muchas preguntas que muchos nos hemos hecho, y respuestas definitivas aún no tenemos a nuestro alcance. Aún así, intentaré explicar mis teorías y mis conjeturas sobre este maravilloso tema.

Las primeras preguntas que nos hacemos hacen relación a su origen. ¿Qué son? ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? Todos recordamos la última batalla que llevó a Brekarth a su derrota definitiva. Los cuerpos tras las negras armaduras estaban hechos de carne, y sangraban nuestra misma sangre. Autopsias posteriores indicaban la existencia de nuestras mismas entrañas y nuestra misma complexión. Habían hombres y mujeres, con los mismos rasgos y cualidades. ¿Qué son entonces? Con casi total seguridad digo que son humanos. Quizás alguna variación, como la de Astadia, Maheda o aquí mismo en Dyloen, en la región de Surgas, pero humanos después de todo. Con esta afirmación podríamos dar por respondida la primera pregunta, pero hay algunos casos particulares que llaman mi atención. Algunos soldados afirman que al vencer a algunos caballeros de Brekarth, éstos no sangraban en lo absoluto, y en su lugar despedían gases oscuros, luego de lo cual las armaduras caían vacías al piso. Esto concuerda con los hallazgos pos-confrontación de armaduras negras intactas repartidas por todo el campo de batalla. ¿Qué explicación cabe dar a este hecho? Parece absurda la idea de que las armaduras vacías hayan sido esparcidas con un propósito desconocido, y que nuestros valientes guardianes hayan inventado tal fantasía de la nada y por nada. Entonces nos enfrentamos a un hecho inexplicable de la guerra pasada.

Por suerte no tenemos las manos vacías. En la biblioteca desenterrada durante los años de restauración se hallaron textos que datan de una época anterior a la aparición humana en estas tierras. Uno de ellos en particular contiene pistas importantes para descifrar las incógnitas frente a nuestros ojos y comprender la verdadera forma y naturaleza de aquello a lo que nos enfrentamos años atrás. Su portada dice "Elenion", y está escrito en runas élficas tan antiguas que incluso entre los mismos eruditos elfos hay discrepancias en sus reales significados. Aunque es poco lo que hasta ahora he logrado esclarecer de los difíciles escritos, es suficiente para darnos alguna idea de lo que era (o es) Brekarth.

Efectivamente, la carne que cortaba las espadas de nuestros valientes guerreros era carne humana, la sangre que se derramaba era humana, la vida que se arrebataba era humana. Pero la verdadera fuerza de Brekarth no lo era. Los antiguos elfos de Tûr-Aglareb (o "La Tierra Perdida", como le llaman los elfos a la extensión de tierra que ahora ocupa Caerllion), señalan la existencia de Brekarth al momento de su llegada al continente. Hablan no de un pueblo, sino de una entidad, una presencia, una "esencia" (que luego llamaron Elenion, que significa "Esencia Maligna") presente en el lugar, que llevaba a los más débiles a un estado psicopático que muchas veces sólo se detenía con la muerte. Sin comprender qué sucedía exactamente en Tûr-Aglareb, los elfos recién llegados migraron hacia las tierras del norte, naciendo de esta manera Aleith, como el nuevo paraíso. Con el pasar de los años, la esencia fue ganando fuerzas y fue expandiéndose. Sus efectos fueron cada vez más notorios, contaminando aguas y enrareciendo la vida. Desde las montañas de Qweldor era posible divisar una neblina de tonos entre negro y púrpura que cubría todo el valle , y se extendía hacia el mar.

Seguramente las mismas montañas de Qweldor contuvieron el avance de esta neblina hacia el resto de Dyloen. Elendil, la tierra originaria de los elfos, no tuvo la misma suerte y pronto muchos de los elfos de la costa más cercana a Tûr-Aglareb comenzaron a sentir en carne propia los efectos de Elenion. Su piel fue cambiando a un tono del mismo color que la nube, y sus habilidades y fuerza fueron aumentando al igual que sus niveles de violencia y crueldad. Pronto se desencadenó una dura lucha entre los ahora llamados oscuros y los que aún no llevaban la corrupción de Elenion.

Elendil habría sucumbido totalmente frente a Elenion si Aleith no hubiera intervenido. Leiwen, un viejo sabio del pueblo en los árboles, ideó un conjuro mágico lo bastante poderoso como para evitar la aparición de la esencia, y desvanecer muchos de sus efectos, pero que sin embargo, además limitaba toda expresión de las emergentes disciplinas de magia desarrolladas en el último tiempo. De todas maneras, fue un bajo precio por salvar a sus hermanos de su tierra madre.

Una vez que el sello mágico estuvo en pie, Elenion fue perdiendo presencia y en cuestión de horas las aguas volvieron a ser cristalinas y el cielo azul. Los elfos oscuros recuperaron la cordura, pero sus cuerpos quedaron estigmatizados por la presencia del mal. Desde esos días, las generaciones de elfos oscuros han cargado con la marca de Elenion en sus cuerpos, los que les identificaba entre los mismos elfos como seres impuros. Pero además de cambiar sus cuerpos para siempre, en sus mentes también algo había cambiado. Su nueva forma de pensar y sus nuevas preocupaciones provocaron roces inevitables con sus hermanos, terminando en la separación definitiva, naciendo así un nuevo pueblo: el pueblo oscuro de Elendil, conocido como Isilindil.

De este relato las conclusiones son claras. Brekarth no es humano, y cada hombre y mujer que cayó en cada batalla librada era un de los nuestros, haya estado en su sano juicio y haya sucumbido su espíritu a la influencia de esta esencia maligna. Nos convertimos entonces en unas marionetas, en simples piezas prescindibles para su propósito, cualquiera fuera éste. Nos hizo luchar entre nosotros sin siquiera sospechar de ello hasta ahora. Brekarth entonces es una fuerza que se apodera totalmente de nuestros corazones.

Lo que es digno de análisis son sus características. Me atreví en el párrafo anterior a hablar sobre el propósito de Elenion en este mundo, lo que puede ser interpretado como una insinuación a que esta esencia posee cierto grado de voluntad y conciencia, que busca algo con todo esto. Pues aclaro inmediatamente que no se trata de una insinuación, sino de una afirmación con todas sus letras. Muchos podrán objetar lo que acabo de decir, incluso me tildarán de loco o paranoico, pero son tres los hechos que evidencian una voluntad y conciencia en Elenion.

Primero, su carácter selectivo: Brekarth no contamina todo lo que toca. En la misma lucha hace unos años vivida se apoderaba sólo de algunos guerreros, y no de todo aquél con el que entrara en contacto. Y si podía corromper a algunos pocos, ¿por qué no corrompió a todo nuestro ejército? Me temo que si se lo hubiera propuesto lo podría haber hecho, y las razones por las cuales no lo hizo escapan a mi entendimiento. He oído a algunos que han insinuado que si no corrompió a más soldados fue porque la mayoría de nuestros soldados eran inmunes, y a algunos otros a manifestar que simplemente no tuvo el tiempo para contaminarlos a todos. A ellos les recuerdo el caso que sacudió a Astadia varios años atrás: un pueblo completo, de más de mil quinientos habitantes, desapareció sin dejar rastro alguno tras el paso de una nube púrpura proviniente del norte. ¿Que no tuvieron el tiempo de corromper? Más de mil quinientas personas fueron corrompidas en unos cuantos minutos, y digamos, es una velocidad considerable. ¿Que algunos eran inmunes a la corrupción de Brekarth? Puede que sí, que algunos lo fueran, pero no tantos. En Lomass la población total fue corrompida, sin ninguna excepción. Y recurriendo a nuestro origen hay que recordar que nuestros más remotos antepasados eran asteos, es decir, la sangre que recorre nuestras venas es poco diferente a la de los cientos de desaparecidos en Astadia. Decir que hemos desarrollado inmunidad en tan corto tiempo, aunque no es imposible, sin duda es altamente improbable.

Segundo está el orden y lugar de sus apariciones. La primera aparición de la esencia fue en el relato "Elenion" antes nombrado que data de al menos cinco mil años atrás. Desde el Sello de Leiwen que no hay más registros de Brekarth. Mis estudios han dado como resultado que uno de los tantos santuarios élficos profanados durante el período de colonización de las altas tierras al norte de Caerllion se hallaba el bastión principal que mantenía el sello en pie. Una vez desvanecida la magia tras el sello roto, Elenion fue una vez más libre. En esos tiempos, las tierras más allá de Qweldor eran totalmente desconocidas por nosotros, por lo que jamás sospechamos siquiera el poder maligno que habíamos liberado. No comprendo bien el por qué, pero la esencia no eligió esta vez ni Elendil ni Dyloen para esparcirse, sin que "optó" por un camino mucho más lejano, cruzando Bolouff hacia la tierra de nuestros orígenes, donde ocurrió el incidente de Lomass. ¿Cómo pudo optar por la opción más compleja si no es con una muestra de voluntad? Llegó a Lomass porque quería llegar a Lomass. Por qué quería llegar a Lomass y no a otro lugar, ése es un cuento que no conozco. Y luego de su repentina llegada a Astadia y su repentina marcha de regreso a Dyloen, había retornado con fuerzas renovadas. Su nueva aparición, en Radeas, capital del reino del mismo nombre al norte del continente, ya no como una nube púrpura extendiéndose por el aire sacando de razón a todo quien entra en contacto con ella, sino como guerreros de carne y hueso, fuertes y hábiles, con un increíble instinto asesino. El ataque dejó a Radeas en jaque, a pesar de que superaban a su rival fácilmente cinco a uno. ¿Por qué atacaron a Radeas precisamente? Mi teoría es que no andaban tras radeas, sino de las ciudades élficas en Aleith, y que al menos una parte de ellos dio con la desafortunada ciudad, con las consecuencias ya conocidas. Si hubiera sido un ataque dirigido, seguramente el resultado de la batalla hubiera sido otro. Sobre alguna posible confrontación entre elfos y secuaces de Brekarth durante estos días no hay registros en mi conocimiento. Hay que recordar que las aldeas del Aleith se encuentran tan bien ocultas, que no hay persona que haya podido dar con una de ellas dos veces. Los misterios del pueblo élfico son tanto o más difíciles de revelar que los de Brekarth.

Retomo el caso de Caerllion para hacer hincapié en el que es mi tercer punto argumentativo: las armaduras que se movían a voluntad. Estas armaduras no se movían por sí solas como si tuvieran vida, sino que eran manipuladas, y no precisamente por medio de un titiritero desde el exterior, sino por una fuerza desde el interior. Seguramente por medio de algún artilugio mágico, los seguidores incondicionales de Elenion lograron sellar parte de ella en las susodichas armaduras. No me importa lo que un alquimista, ingeniero o mago tengan que decirme: un gas inerte es imposible que pueda mover una armadura, y aunque pudiera, no se explica que la mueva tal como se movería si un hombre la llevara puesta. De esto puedo concluir dos cosas: que la esencia se mueve independientemente, lo que confirma mi segundo punto, y que este movimiento puede imitar al menos condiciones humanas. Y aquí el hecho de "poder" también deriva en el hecho de "no poder", lo que nos lleva nuevamente a la idea de una voluntad y una conciencia, que es capaz de razonar y de manifestarse según desea. Podría asegurar que incluso su apariencia como niebla púrpura no es más que la primera forma de manifestarse una fuerza consciente y con voluntad propia que no somos capaces de explicar ni entender, y que la corrupción y las armaduras siguen una línea de evolución que nos deja con la interrogante de cuál será su próximo paso a dar.

Pero ¿quiénes eran todas esas personas, todos ellos humanos, que lucharon contra nosotros en repetidas ocaciones? Pienso que la mayoría de ellos corresponde a la gente desaparecida de Lomass muchos años atrás. Elenion, necesitando urgentemente seguidores, los buscó en un lugar muy alejado, insospechado. ¿Por qué no eligió a los humanos de Dyloen? No se me ocurre otra respuesta más que porque simplemente no sabían de nuestra existencia. Hay que recordar que en los tiempos en que el sello de Leiwen fue levantado, los humanos aún no pisaban Dyloen. También he corroborado gracias a mis colaboradores que desde la fundación de Radeas se han registrado desapariciones de algunas personas de Radeas y Tabeas cuyos paraderos nunca fueron conocidos. Y también, aunque no existen registros escritos, se han reportado desapariciones en las tribus de Surgas cuyo número supera con creces las quinientas cabezas. El contingente fuerte lo trajeron desde Lomass, pero una vez en conocimiento de lo ocurrido durante los último milenios en su ausencia, fueron haciéndose de, ahora más cuidadosos en su selección, los más fuertes guerreros de Dyloen.

La comprobación de todas estas teorías se vuelve complicada habiendo pasado tanto tiempo desde que la última batalla fue librada, ya que los cuerpos de los desafortunados caídos ya hace tiempo son uno con la tierra. Sólo existe un método para reconocer a alguno de los que cayó bajo la influencia de Elenion, y ése es analizando en profundidad el Salón de las Estatuas de Piedra, en el ala oeste del palacio, lo cual hasta ahora se halla estrictamente por el rey Daylon Ambrós I.

Aún no comprendo la magnificencia de aquellas estatuas. Mientras que los corruptos caídos en batalla se pudrieron como cualquier otro, en el momento de la victoria en donde el sello de Madulk fue levantado como el de Leiwen miles de años atrás, los seguidores de Brekarth aún vivos se convirtieron en cada una de esas hermosas estatuas que ahora adornan el palacio. Pero, ¿por qué esta vez se convirtieron en piedra? ¿por qué los elfos oscuros recobraron el juicio tras la desaparición de la esencia, y no se convirtieron en piedra como sucedió en esta ocasión? Presento dos teorías: la primera es que, aunque ambos efectivos para disipar la esencia, el sello de Leiwen y el sello de Madul eran conjuros distintos, lo cual es razonable. La segunda, es que se trata de un nuevo as bajo la manga de Elenion. Es curioso que en esta ocasión la esencia haya elegido corromper sólo a seres humanos, y me parece que la razón de esto es bastante lógica: no se trata de debilidad mental, pues si así fuera, los orcos serían una presa mucho más deseada (en genral, disculpar los orcos que leen este documento y son capaces de entenderlo), sino de moldeabilidad: el ser humano, débil e incrédulo en dogmas y estilos estrictos de vida, versátiles y moldeables, es el peón perfecto en el tablero de Elenion. Mientras que los elfos son más resistentes por la paz profunda que la mayoría proyecta, y los orcos son insuperables en fuerza de voluntad y en el poder de su propia especie, el ser humano se halla indefenso, incluso rogando por una oportunidad de poder y control. Son la marioneta perfecta para llevar a cabo la voluntad de la esencia en este mundo de las cosas.

Ahora cos humanos leales bajo su control, Brekarth no desistiría otra vez de su influencia ni volvería con sus manos vacías si desaparecieran una vez más de este mundo. Esta vez se aferraron con tal fuerza a sus seguidores que sus mismos cuerpos le han servido como protección, como refugio, para luego continuar apenas el nuevo Sello se disipe. No quiero imaginar qué podría pasar si el poder que guarda el viejo bastón del hechicero Madul se llegara a desvanecer. Espero que se mantenga intacto al menos por unos miles de años más, como lo hizo su predecesor, suficiente tiempo como para asegurar una victoria permanente y una manera de erradicar a Brekarth para siempre.

El contenido del texto le pareció sensato, y las explicaciones calzaron en todas las experiencias que ha tenido con los hombres de Brekarth. Al igual que todas las personas que pedían en la entrada de palacio el pase de la Organización Schellden al Salón de Piedra, ahora le parecía una necesidad investigar a fondo las estatuas en las que se convirtieron los enemigos de antaño. Dejando el texto sobre su escritorio nuevamente, se levantó del escritorio y se apresuró a salir de su cuarto. Ya llevaba bastante tiempo desde que el guardia le informó sobre la petición de Sir Rodas a una audiencia. Sintió un poco de culpa por su actitud poco seria de hace un momento, pues si Rodas necesitaba hablar con él, conociéndolo, es porque se trataba de algo realmente importante. Una irritación tonta como ésa podría traer la desgracia a su vida y a la de su pueblo.

Dejó la habitación y comenzó el camino hacia el salón del trono. Ahí podría recibir a Sir Rodas y dar la orden que perimtiría a la Organización Schellden investigar el Salón de Piedra. Llegando al lugar, un guardia (que supuso fue el mismo quien le llamó en su habitación), le indicó que Sir Rodas estaba aún esperándolo. Cuando el rey entró al salón del trono, pudo distinguir enseguida el semblante único del caballero que eligió como Jefe de Seguridad del Reino. Miembro de la antigua orden de caballeros conocida como la Élite de Radeas, Sir Rodas se mostraba sereno, como siempre, aunque su rostro auguraba malas noticias. Daylon se dirigió al trono mientras Sir Rodas le hacía una reverencia. Una vez sentado, el rey se puso cómodo.

- Muy bien, amigo Rodas. ¿Qué noticias me traéis?
- Definitivamente no son buenas, mi señor. He sido informado por Sir Grendell que vuestro consejero real y amigo Matt Jarlians ha sido emboscado en los montes de Qweldor, y ahora está muerto.


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